AURICH, Daniela Denise | Clase 3 (Bitácora)

CLASE 3

En esta clase comenzamos revisando las frases que se habían solicitado para la clase pasada, un ejercicio que en principio parecía sencillo, pero que rápidamente se volvió más profundo de lo que esperábamos. Lo primero que notamos fue la gran variedad de enfoques en las frases que trajimos. Algunos de nosotros optaron por frases más filosóficas, profundas y reflexivas, mientras que otros preferimos frases más cotidianas, prácticas o relacionadas con experiencias diarias. Este contraste generó una discusión muy interesante sobre los distintos enfoques y perspectivas que cada uno aportaba al ejercicio, mostrando cómo nuestras vivencias y formas de ver el mundo influyen en las palabras que escogemos. ¿Por qué elegimos ciertas frases? ¿Qué nos dice esto sobre nosotros? Las palabras que seleccionamos no solo son un reflejo de nuestras ideas, sino también de nuestra personalidad, nuestras experiencias previas y nuestras interpretaciones del mundo que nos rodea. Las frases no son solo un conjunto de palabras, sino un vehículo para nuestras emociones y vivencias.

Por ejemplo, aquellos que seleccionaron frases más reflexivas hablaban de temas como el tiempo, el cambio o la evolución personal, mientras que otros, al optar por frases prácticas, se enfocaron en conceptos como la organización, la constancia o el trabajo duro. Aunque las frases parecían estar en polos opuestos en términos de profundidad o sencillez, ambas tenían un valor importante dependiendo del contexto. Este ejercicio inicial nos mostró que cada uno tenía un entendimiento distinto de lo que era una "buena frase", y que esto estaba influido por nuestras experiencias individuales. Me pregunto si el concepto de "buena frase" es, en realidad, un juicio subjetivo basado en nuestras percepciones personales. ¿Una frase se vuelve más valiosa por su complejidad, o es la simplicidad la que logra generar una mayor conexión? Este ejercicio me hace pensar que no hay una respuesta correcta, sino una variedad de interpretaciones y significados dependiendo de cada contexto personal.

Una vez que todas las frases estuvieron sobre la mesa, la siguiente consigna fue clasificarlas según si eran frases directas, indirectas o analógicas. Al comenzar a clasificar, nos dimos cuenta de que muchas veces una frase podía parecer directa a primera vista, pero tras discutirla más a fondo, algunos comenzamos a interpretarla como indirecta o incluso analógica. Fue en ese proceso de debate que muchos de nosotros nos dimos cuenta de que algunas de las frases que habíamos elegido originalmente "no nos servían" o no se ajustaban tan bien al propósito del ejercicio como pensábamos al principio. En ese sentido, este ejercicio nos obligó a reflexionar más profundamente sobre el significado y la estructura de las frases, algo que inicialmente no habíamos contemplado. Es fascinante cómo el acto de "clasificar" algo aparentemente simple como una frase puede llevarnos a un análisis mucho más profundo. ¿Cuántas veces creemos que algo es claro a primera vista, solo para descubrir que es más complejo de lo que parece? Esta reflexión sobre la estructura de las frases me hace pensar en cómo, en el diseño y en la vida, muchas veces nuestras primeras interpretaciones no son las finales, y que el proceso de reevaluación es fundamental para llegar a un entendimiento más completo. Al profundizar en cada frase, empezamos a compartir anécdotas personales y experiencias vividas en la facultad, y cómo algunas de esas experiencias se reflejaban en las frases que habíamos elegido. Varias de estas frases nuevas resonaban no solo a nivel personal, sino también dentro de nuestras carreras.

Durante este intercambio de historias y anécdotas, recordamos frases que habíamos escuchado en clases anteriores, de profesores, compañeros o incluso en situaciones informales dentro de la facultad. Decidimos anotarlas también, ampliando así el número de frases que teníamos sobre la mesa. A medida que íbamos recopilando estas nuevas frases, nos dimos cuenta de que muchas coincidían en términos de relevancia para nuestras vivencias. Después de recopilar todas estas frases adicionales, llegó el momento de la selección final. Teníamos que elegir un total de ocho frases que consideráramos más significativas. La elección, sin embargo, no se basó únicamente en el contenido o el estilo de las frases, sino en algo mucho más subjetivo: las emociones, pensamientos y reacciones que cada frase evocaba en nosotros. Algunos sentíamos motivación o inspiración, mientras que otros experimentaban incertidumbre, rechazo o incluso una especie de distanciamiento ante ciertas frases que no conectaban con nuestras propias experiencias o valores. ¿Cómo medimos la "significación" de una frase? ¿Es solo por lo que dice, o por lo que nos hace sentir? 

A partir de esta reflexión grupal, marcamos cuáles eran las emociones que se repetían con mayor frecuencia y cuáles frases parecían tener un impacto más profundo en el grupo, ya sea por su contenido o por la conexión emocional que despertaban. Nos dimos cuenta de que, aunque algunas frases eran más complejas o abstractas en su redacción, no necesariamente provocaban una respuesta emocional fuerte. En cambio, algunas frases más simples o cotidianas lograban resonar más en nosotros precisamente por su cercanía con nuestras propias vivencias, rutinas y valores. Frases que en un primer momento parecían poco trascendentes, con el tiempo y la reflexión, fueron cobrando un peso significativo debido a su claridad y sencillez. A veces creemos que lo complejo tiene más valor, pero este ejercicio demostró que las ideas más simples también pueden tener un impacto profundo, especialmente cuando están alineadas con nuestras experiencias y sentimientos más auténticos. 

Este ejercicio nos mostró que la elección de una frase no depende únicamente de su nivel de complejidad o profundidad, sino de cómo nos afecta personalmente y de la capacidad que tiene para conectar con nuestras emociones y pensamientos. Fue un proceso más complejo de lo que habíamos anticipado, ya que involucró no solo un análisis intelectual, sino también una introspección emocional que no todos estábamos preparados para enfrentar al inicio de la clase. Sin embargo, al final, logramos seleccionar esas ocho frases, no solo por su valor literal, sino por lo que nos hacían sentir y pensar, y cómo lograban reflejar nuestras propias historias y trayectorias dentro de la facultad.


DEVOLUCIÓN: N

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