TOSCANO, Leandro | Clase 3 (Bitácora)

 CLASE 3

La clase de hoy se centró en una actividad que giraba en torno a unas frases que nos habían dicho a lo largo de nuestra carrera. La dinámica prometía ser interesante, pero yo llegué con un estado de ánimo bastante apagado en comparación con las clases anteriores. Esto se debía, en gran medida, a las pocas horas de sueño que había acumulado la noche anterior, ya que me había visto obligado a terminar tareas tanto laborales como académicas. La falta de descanso pesaba sobre mí, y eso se reflejaba en mi concentración y energía.

Durante la clase, analizamos cómo estas frases habían influido en el proceso de diseño de cada uno de nosotros. La discusión no se limitó a las formas directas en que estas frases habían impactado nuestro trabajo, sino que también exploramos los efectos más tangenciales que podían tener. Al realizar la puesta en común, observé que la mayoría de las frases compartidas se dirigían a generalidades, lo que llevó a un intercambio rico en ideas y perspectivas. Esta primera instancia sirve para encontrar nuestros puntos de contacto y organizarnos en la ejecución y planificación de la actividad a posteriori.

Lo curioso fue que, aunque algunas frases que podrían haber sido interpretadas de manera negativa por algunos de nosotros, otros las veían de forma constructiva. Esta variedad en la percepción de las palabras abrió un debate interesante sobre cómo nuestras experiencias individuales moldean la manera en que interpretamos las mismas ideas. Fue un recordatorio de que la subjetividad juega un papel fundamental en nuestra formación como diseñadores. En lo personal estoy acostumbrado a la crítica, pero de manera constructiva, por lo que, en la mayoría de casos, cuando me dicen algo negativo pero constructivo de por ejemplo un proyecto de mi carrera, trato de tomar lo positivo y no sensibilizarme de más cuando lo que necesito en esos momentos es aprender de las personas que ya transitaron mí mismo camino.

Al profundizar en la actividad, noté que muchas de las frases discutidas no se referían específicamente a la arquitectura, que es la carrera que estoy cursando. Sin embargo, aunque los términos no eran estrictamente arquitectónicos y el léxico utilizado presentaba variaciones en función de la manera en que se enunciaron, se podía extraer una conclusión importante: todas estaban orientadas hacia la formación del diseño en general. Este aspecto fue fascinante, ya que evidenciaba que, aunque proveníamos de diferentes disciplinas, compartíamos un hilo común en nuestros procesos creativos.

Posteriormente, comenzamos a identificar qué frases parecían más pertinentes para cada una de nuestras carreras. Esta actividad resultó en la creación de vínculos interdisciplinares que destacaban las similitudes en el lenguaje utilizado en los procesos creativos de los distintos ámbitos del diseño. Esta conexión entre disciplinas fue enriquecedora, pues nos permitió apreciar cómo diferentes campos pueden influenciarse mutuamente.

A medida que avanzábamos en la actividad, surgieron anécdotas de cada miembro del grupo. Compartimos momentos en los que habíamos escuchado estas frases, lo que nos ayudó a comprender mejor las distintas perspectivas y experiencias que cada uno había tenido al reflexionar sobre ellas. Un patrón que notamos fue que muchas de las palabras que anotamos tenían una carga negativa, lo que podía estar relacionado con el hecho de que las diez frases seleccionadas provenían todas del “profesor”. Esta situación pudo haber contribuido a enfatizar puntos de vista más críticos y a fomentar una atmósfera más juzgadora.

En ese momento, no nos percatamos de que estábamos asumiendo que estas frases eran exclusivamente del profesor. Inconscientemente, nos enfocamos en las palabras de una figura de autoridad, en lugar de considerar la posibilidad de que un compañero o incluso nosotros mismos pudiéramos haber expresado opiniones valiosas. Este sesgo en nuestra percepción es algo que vale la pena reflexionar, ya que resalta cómo las jerarquías pueden influir en nuestra manera de ver y escuchar.

Finalmente, decidimos organizar toda la información que habíamos escrito y discutido a lo largo de la clase utilizando un mapa conceptual. Esta herramienta nos ayudó a visualizar las conexiones que se podían establecer entre los distintos temas tratados. El proceso de síntesis que realizamos fue bastante enriquecedor; diferenciamos las ideas y el debate en un espectro de tres colores, generando conexiones entre las palabras que aparecían en los cuadros conceptuales.

De esta forma, logramos plantear lo que consideramos más relevante de toda la clase. Comenzamos con las frases que nos llevaron a charlas sobre nuestras respectivas carreras, las materias que cursábamos y las experiencias con los profesores, lo que naturalmente dio lugar a anécdotas y comparaciones. Este ejercicio también nos permitió regresar a las frases iniciales para hacer una selección que reflejara la diversidad de opiniones en el grupo. Además, sirvió como un ejercicio práctico para entender cómo una misma frase puede evocar emociones distintas dependiendo del receptor. Esta revelación subrayó la importancia de la pluralidad de pensamientos y cómo estas frases nos predisponen de maneras diferentes. Al final, fue una clase que no solo me permitió reflexionar sobre el diseño, sino también sobre la complejidad de las relaciones humanas y la comunicación en el ámbito académico.

 

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