TOSCANO, Leandro | Clase 7 (Bitácora)

BITACORA 7

Este nuevo ejercicio nos demuestra una vez más la capacidad intrínseca de los estudiantes para abarcar dinámicas aleatorias y encontrar respuestas, con mayor o menor pertinencia, a los enunciados que se nos presentan. El día de la fecha partimos de otro concepto fundamental: un problema detonante. Pero, ¿qué define un problema como detonante y cuáles no lo son? Desde mi perspectiva, entiendo que un problema detonante es aquel enigma, incertidumbre o cuestionamiento que aún no hemos resuelto y que, en ocasiones, nos atosiga constantemente en nuestra cotidianidad. Estos problemas suelen ser como piedras en nuestros zapatos; nos distraen, nos incomodan y requieren de nuestra atención, pero a menudo no sabemos cómo abordarlos.

En mi caso personal, hoy enfrento un reto significativo: la administración de mis tiempos. Deseo cumplir con todos mis deberes, pero estos se están volviendo cada vez más abrumadores, superando mi capacidad para manejarlos. Me encuentro, en ocasiones, desbordado por la carga de tareas, compromisos y responsabilidades. Este conflicto interno, esta lucha por equilibrar mis obligaciones, es un claro ejemplo de un problema detonante que requiere de una solución efectiva.

Durante la clase, como es habitual, los profesores guiaron el proceso heurístico, utilizando diversas instancias sensoriales. Por ejemplo, incorporaron música para estimular la creatividad y facilitar la concentración. También nos ubicaron en bancos de manera aislada, minimizando las interferencias y distracciones para permitirnos, en la soledad, una mayor abstracción y entrega al ejercicio. Este enfoque es fundamental, ya que en un entorno tranquilo y sin distracciones, podemos profundizar en nuestros pensamientos y, de ese modo, abordar de manera más efectiva nuestros problemas.

El ejercicio comenzó con la premisa inicial del problema detonante, y se profundizó a través de métodos ya conocidos de prácticas anteriores, como la repregunta y la escritura del problema. Al ponerlo por escrito, el problema se torna más palpable y menos nebuloso, facilitando su comprensión. Además, se introdujo un nuevo concepto conocido como “módulo de sentido”, que se basa en formular una pregunta y una afirmación. Este enfoque nos invita a reflexionar sobre el problema desde diferentes ángulos, buscando no solo entenderlo, sino también encontrar un camino hacia la solución.

A medida que avanzaba la clase, llegamos a un momento crucial: tras una intensa acometida de premisas, preguntas y objetivos, se nos pidió un momento de silencio. Este instante, en el que se nos priva de cualquier tipo de estímulo, incluso el visual, es vital para la reflexión. En esos dos minutos de calma, logré visualizar una posible solución a mi problema detonante. Este espacio de silencio no solo sirve para reorganizar nuestros pensamientos, sino que también permite que surjan nuevas ideas y enfoques que quizás antes no habíamos considerado.

Finalmente, después de haber podido materializar y atacar el problema, se nos pidió esquematizar nuestras conclusiones. En mi caso, opté por crear un cuadro esquemático semanal que me ayudara a identificar espacios libres en mi agenda. Esta herramienta me permitió no solo organizar mis tareas, sino también encontrar momentos para dedicarme a actividades que había estado descuidando, incluyendo mi tiempo de ocio, algo que considero esencial para mantener un equilibrio saludable en mi vida.

Al comparar mis reflexiones con las de mis compañeros, noté que algunos habían abordado diversos tipos de incertidumbres, tanto personales como colectivas. Esta diversidad de enfoques fue enriquecedora, ya que nos permitió identificar problemáticas comunes que compartimos con nuestros compañeros de grupo, así como visualizar el proceso individual de cada integrante durante la clase. Es interesante ver cómo, aunque enfrentamos problemas diferentes, las estrategias para abordarlos pueden ser similares, lo que nos ayuda a aprender unos de otros y a enriquecer nuestra experiencia de aprendizaje.

En resumen, este ejercicio no solo se trata de encontrar respuestas a problemas individuales, sino de fomentar un espacio de reflexión colectiva. Al compartir nuestras luchas y soluciones, creamos un ambiente de apoyo mutuo que es invaluable. Al final del día, enfrentar y resolver nuestros problemas detonantes es un paso esencial hacia el crecimiento personal y académico.

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