MARTIN, Heidy Vanesa | Clase 1 (Texto QUIEN ES YO)

 ¿QUIÉN ES YO?

Soy una persona que lidia constantemente con la sensación de no pertenecer a ningún lugar. Al irme tan joven de mi país de origen, mi identidad y mi versión adulta se formaron lejos de casa, de lo familiar. Años después, al mirar hacia atrás, me doy cuenta de que mis palabras y mi manera de ver el mundo son una mezcla de lo conocido y lo nuevo. Mi sentido de pertenencia se encuentra atrapado en un limbo. Visito mi país, pero a menudo me siento como una extranjera en el lugar que me vio crecer. Al mismo tiempo, me siento igualmente ajena en el lugar donde ahora vivo. ¿Cómo puedo usar esta "ajenidad" para enriquecer mi trabajo y ofrecer algo auténtico? ¿Es posible que la "autenticidad" sea una construcción idealizada?.

Las estructuras que se formaron en mi niñez han sido revaluadas y contrastadas con una nueva realidad. Cada vez que regreso de visita a mi ciudad natal, las cosas parecen chocar con mi percepción actual. Soy una extraña en una ciudad que, aunque en teoría debería ser familiar, se ha vuelto distante. Los habitantes, los edificios y hasta el clima parecen ajenos a mí. El proceso creativo se convierte en un campo de contradicciones. Busco expresar mi identidad a través de cada proyecto, pero en el fondo, me doy cuenta de que muchas veces ajusto mis ideas y decisiones para que encajen dentro de lo que se espera, dentro de lo que es aceptado o aprobado. Tal vez porque en mi vida, como en el diseño, la adaptación a los contextos externos siempre ha sido una constante, un mecanismo de supervivencia. He aprendido a moverme entre distintas realidades, pero no siempre a sentirme completamente dueña de mi voz, de mi estilo, ¿Cómo puedo ser fiel a mi estilo cuando mi identidad misma está formada por una mezcla de influencias y de contrastes? Lo único que se mantiene intacto, es lo cercana que soy a mi familia, ellos siempre me han apoyado, y han creído en mí. Cada vez que voy de visita, me esperan con los brazos abiertos, se convierten en el lugar al que pertenezco, a pesar de las diferencias, pero cuando llega el momento de irme, siempre siento que una parte importante de mí, se queda atrás, me voy sintiéndome incompleta.

Quizás por esta razón, tiendo a llevar una vida solitaria, aunque con la mejor compañía que el universo me pudo ofrecer: mi querida Bellita. Nunca tuve mascotas durante mi infancia. Mis padres siempre creyeron que sería una responsabilidad que ellos no estaban dispuestos a asumir. Por ello, al cabo de dos años de llegar acá, decidí adoptar a Bellita. No tenía ni la más mínima idea de cómo ella podría comprenderme en un nivel tan profundo, ni de cómo podría hacerme sentir amada y protegida. Con el tiempo, entendí plenamente la frase que suele decirse: “Yo no la rescaté a ella; ella me rescató a mí." Ella se convirtió en mi familia en este lugar. A veces me asalta el temor de cómo será mi vida cuando ya no esté conmigo, y el sólo pensarlo me duele profundamente. Un mundo sin Bellita es un mundo en el que no quiero estar.

Este sentido de búsqueda y conexión también se refleja en mis intereses personales, siempre he tenido una fascinación por las películas de suspenso. Me atraen los enigmas, los misterios y las historias en las que desde el primer momento estoy deseando conocer la resolución. Este gusto también se extiende a los documentales sobre casos de homicidios y sectas, donde hay secretos ocultos. Sin embargo, el género del terror me resulta completamente diferente. No me atrae en absoluto y me provoca un miedo tan intenso que puedo durar días con ese temor, como si le temiera más a lo que se podría considerar espiritual que a lo terrenal. Supongo que esto tiene que ver con las enseñanzas que recibí durante mi niñez. En ese entonces, mi mundo se basaba en obedecer a Dios, un ser todopoderoso que, aunque lleno de misericordia, también podía ser vengativo y castigador. Se nos enseñaba que, si nos portábamos mal, experimentaríamos su ira.

Con el tiempo, mi perspectiva ha cambiado radicalmente. Antes, estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para complacer a ese Dios, pero ahora me cuestiono muchas cosas. Aunque creo en su existencia, no entiendo por qué un ser tan poderoso se involucraría en la vida humana, cuando nosotros somos, en comparación con la vasta existencia del universo, prácticamente insignificantes. En esta línea de pensamiento, me llamo la atención una frase que leí recientemente, que sugiere que, en realidad, somos la excepción a la regla de la existencia. La vida, y mucho más la vida inteligente, requiere una alineación de numerosos factores y milenios de evolución. Dado esto, no creo que nuestra existencia sea una simple casualidad. Pero si, por otro lado, somos la creación de un Dios, me pregunto por qué nunca se presentó claramente y nos dejó a nuestra suerte. ¿Qué papel juega el creador, el contexto, y las expectativas ajenas en la obra de arte?

Soy una persona llena de dudas y anhelos de respuestas que, a menudo, resultan frustrantes, aunque sé que nadie tiene todas las respuestas. Me pregunto cómo cambiará todo lo que conozco cuando ya no esté, qué nuevas revelaciones surgirán y qué descubrimientos se harán. Tal vez aún no estemos preparados para esas respuestas, o yo no lo esté. El deseo de tener todo bajo control a veces me impide disfrutar del presente y de los momentos que realmente importan, sin embargo, en ocasiones me permito disfrutar de aquellas experiencias sobre las que no tengo control, encontrando siento alivio en ello.

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