MARTIN, Heidy Vanesa | Clase 2 (Bitácora)
CLASE 2:
Al
ser la primera clase a la que asistía, me tomo por sorpresa cuando ingrese al
aula y hablaban de costos, conexiones, crédito, entre otros temas. Al
principio, pensé que podría haber cometido un error y haber entrado en el aula
equivocada. Sin embargo, a medida que avanzaba la clase y se presentó la
actividad grupal, comprendí que esta charla nos iba ayudar para poder llevar a
cabo la actividad grupal.
Como
no tenía dupla al inicio, me sentí un poco desorientada, pero el profesor hizo
que la actividad fuera muy didáctica, lo que me permitió relajarme. Cuando
finalmente se nos organizó en grupos, empecé a conocer a mis compañeros. Noté que
estaban en diferentes carreras: dos estaban en diseño gráfico, y los demás en
arquitectura. Yo era la única de la carrera de imagen y sonido, lo que me hizo
sentir algo fuera de lugar y un poco callada al principio.
Durante la lluvia de ideas inicial, observé las diferencias en la forma en que cada uno propuso sus ideas. Mis compañeros de arquitectura eran muy técnicos en sus propuestas, utilizando un lenguaje especializado y conceptos precisos. Por otro lado, mis compañeras de diseño gráfico mencionaban nombres de programas y términos técnicos propios de su carrera. En cambio, yo empleé un lenguaje más abstracto, centrado en conceptos intangibles como la creatividad. A pesar de nuestras diferencias, este intercambio de ideas nos permitió complementarnos.
Cuando llegó el momento de realizar el dibujo, fue evidente que la mayoría de mis compañeros tenía habilidades avanzadas en esta área, utilizando proporciones y medidas con gran precisión. Esto me sorprendió, ya que, personalmente, no hubiera logrado un resultado tan profesional si hubiera sido yo quien dibujara, dado que no tengo la técnica que ellos poseen. Casi por terminar el proceso, mientras algunos se encargaban de poner color, yo me dediqué a buscar un título adecuado para nuestro proyecto. Después de probar varias opciones, elegí la palabra “Satori”, que en japonés se refiere a un momento de comprensión profunda. Al final hubo un equilibrio entre la técnica y la creatividad, por lo que pudimos completar la consigna con éxito.
Sin embargo, al reflexionar sobre el proyecto, me doy cuenta de cómo tendí a encasillar a mis compañeros según la carrera que cursan, como si sus habilidades y roles estuvieran predeterminados por su área de estudio. Este tipo de estereotipo, tan común en el ámbito académico, limitó la forma en que organizamos las tareas y nos hizo asignar roles de acuerdo con lo que asumíamos que cada uno "debería" hacer. En lugar de ser más flexibles y experimentar con tareas fuera de nuestra zona de confort, nos guiamos por un modelo preestablecido, en el que cada persona cumplía con lo que se esperaba de acuerdo a su carrera. Este patrón también se reflejó en las decisiones que tomamos durante el proyecto, como si las habilidades y talentos de cada uno estuvieran restringidos a lo que se nos decía que debíamos saber hacer.
A
lo largo de mi carrera, he participado en numerosos grupos, pero en los últimos
cuatrimestres, me había tocado trabajar con compañeros menos comprometidos.
Esto generaba en mí cierto temor de que la situación se repitiera. Sin embargo,
esta vez fue completamente diferente. Creo que al ser personas que están cerca
de recibirse, hay un mayor sentido de responsabilidad en todos los miembros del
grupo, todos pudimos contribuir, ya sea en mayor o menor medida, también sentí
que la pluralidad de voces fue escuchada, y de que se trato de que las
diferentes ideas pudieran ser parte de lo que fue el resultado final.
Los roles dentro del equipo se definieron de manera natural, basándose en las habilidades de cada uno y en lo que se necesitaba en ese momento. La experiencia resultó ser muy enriquecedora porque, a pesar de que todos teníamos una formación distinta, fue esta misma la que hizo que nuestras diferentes perspectivas y enfoques se integraron de manera armónica en el proyecto final. En lugar de que nuestras diferencias chocaran, se complementaron, resultando en una imagen final que reflejaba una diversidad de voces y contribuciones. Al leer el texto, me doy cuenta de lo fácil que es limitarse a lo descriptivo, sin reflexionar o plantear preguntas que realmente me interpelen. Ahora, en este punto, quisiera reflexionar sobre lo difícil que resulta convertir todas esas imágenes que imaginamos en palabras. ¿Cómo podemos transmitir lo que vemos en una imagen a través de la escritura? A medida que empiezo a poner en palabras lo que me interpela, surgen más preguntas, y esas respuestas también transforman mi perspectiva. Entonces, a medida que mi escritura cambia, también lo hago yo.
Recuerdo que, al inicio de la carrera, tuve la oportunidad de cursar la materia de Estética con compañeros de diferentes carreras. Sin embargo, como estábamos al principio de nuestros estudios, no logramos establecer un intercambio profundo de ideas y experiencias. Ahora, en esta nueva experiencia, el enriquecimiento es mucho mayor, ya que hemos adquirido una mayor madurez y conocimiento, permitiéndonos disfrutar de una colaboración más productiva y significativa.
La tarea de transformar un texto en una imagen resultó ser muy accesible para nosotros, ya que cada uno pudo aportar desde su formación y experiencia. Al comparar esta experiencia con una de las clases posteriores, donde el profesor nos explicó que la exigencia de escribir en cada clase no era una elección aleatoria, sino una estrategia para sacarnos de nuestra zona de confort, me doy cuenta de cómo esta clase ejemplifica esa idea. La rapidez con la que cumplimos la consigna de crear una imagen es completamente diferente a la experiencia de sentarse a escribir. Es una herramienta que no se desarrolla y profundiza a lo largo de la carrera, esto en general a las carreras de diseño en la UBA.
DEVOLUCIÓN: N
-Comprendo porque tan descriptivo, ya que al ser la segunda clase no teníamos en cuenta el reflexionar tanto, pero de igual manera lograste hacer una breve reflexión.
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