TOSCANO, Leandro | Clase 1 (Texto QUIEN ES YO)
¿QUIEN ES YO?
Yo escuchó una vez que hay que
tener mucho cuidado cuando miramos hacia el vacío, pues este puede devolverte
la mirada. Yo se ve en la condición de tener que explorar sobre un concepto tan
arcaico como contemporáneo para averiguar si logra llegar al pináculo del
cuestionamiento propio. De definirme. El mismo ejercicio del tiempo me
permitirá saber si yo llegará a buen puerto o solo quedará la constancia de
unas memorias de lo que pudo haber sido y no fue.
Necesito un norte con el cuál
empezar. El primer ensayo sería despojarnos de la piel, la carne, los huesos.
Esto sin duda es una de las partes más tortuosas. ¿Qué seré capaz de ver en el
reflejo cuando no quede nada más que lo imperceptible? ¿Será que el tratar de
buscar conocimiento en el afuera no va a brindar clarividencia a mi definición?
Tengo miedo de estar equivocándome en mi razonamiento. Pues yo, suele tener
momentos en los que es bastante precipitado. Cualquier cosa que piense está
condicionada por una manera de observar su universo… el nuestro quizás.
¡No pierdas el rumbo!
Concéntrate. Lo podríamos definir con austeridades como que soy la tierra donde
nací, el aire que respiro, la gente que conocí y la que me queda por conocer.
Yo es aquella fabula que leía de niño, soy las manos que escriben y los pies que
caminan. Los atardeceres que vi y las risas que supe dar. ¿No es acaso yo la
ayuda que prestó, las anécdotas que escuchó o el consejo que no dio? ¿Por qué
no podría ser yo todo aquello que de manera casi inherente lo llevó a moldear
una mente con la que pensar, un cuerpo con el cuál moverse y un alma con la que
emocionarse?
¿Necesitaré acaso llegar a una
definición? ¿Que ganaría aquel yo que llegue a una respuesta concreta? ¿Es
acaso el único propósito de la hoja caer? ¿Necesito que de mí florezca una
respuesta para que con el paso del tiempo un invierno azote mis conocimientos y
los vaya mermando hasta que sean obsoletos? Son dudas que me hago… que nos
hago.
Yo nunca supo si es devoto de
la gratificación ajena. Le gusta ser escuchado, pero no se molesta si el
silencio de su subconsciente es el único aplauso que recibe al bajar el telón
de su razón. Pero si me cuestiono lo siguiente: ¿acaso estos pensamientos
derramados sobre estas hojas van a trascender a alguna otra persona? Yo se
encuentra en una disputa entre ser el prócer o el pájaro que se posa sobre su
estatua.
Es imposible no tratar de
imaginarse lo que podrían decir otros ojos de yo. Me pregunto cuál es el velo
que llevaré al comprometerme con definiciones sobre lo que creo que es. ¿Estaré
idealizando a aquel sujeto tan cercano a mí? Al fin y al cabo, antes de escribir
esto él habitaba en mi interior. Me resulta raro verlo afuera, aun así, no me
disgusta.
Me encuentro dentro del
laberinto de mis pensamientos, coartado por las paredes de mi saber. Trato de
caminar hacia mí, pero se sigue alejando. Me toca recorrer esta pregunta solo.
Yo sabe lo que detesto transitar este camino en soledad. Aun así, debo hacerlo.
Me pregunto si yo se siente
cómodo en este lugar. O más bien, ¿Por qué es que deseo con tantas ganas salir?
¿Qué pasaría si hago de esta incertidumbre mi estadía permanente? ¿Algún pájaro
dejaría de aletear en su vuelo para tratar de buscar la verdad? ¿Algún río de
estas preguntas dejarían de correr hacia el mar del conocimiento? ¿Existe tal
cosa como la verdad? No creo que pueda descifrarlo. Definitivamente no soy
capaz. Le cedo esa responsabilidad a aquellos seres dotados de omnipotencia,
que, por mi facultad de humano, me azotan dándome razón con la cual flagelar
mis propios saberes. Siendo tan parecidos el alba y el ocaso, estos no se acercarán
jamás.
Buscar la respuesta ahora me
parece tan absurdo como tratar de correr al horizonte para evitar que el manto
de la noche caiga sobre mí. Es gratificante ver como al final de este camino
nos estamos esperando para no saber sobre nosotros. Sin embargo, ahora nos
conocemos mucho más que al principio de este cuestionamiento.
Los muros de lo que
desconocemos siguen estando ahí, erguidos y firmes. No obstante, ahora
emprendemos un viaje a lo desconocido. Yo sabe que no me gustan las
definiciones. Tal vez por eso él nunca trató de definirme.
Comentarios
Publicar un comentario