TOSCANO, Leandro | Clase 2 (Bitácora)

CLASE 2:

En la segunda clase de esta materia, se nos planteó una actividad muy interesante: debíamos formar grupos en base a unas frases que nos llamaran la atención o que nos gustaran, las cuales estaban expuestas en diferentes partes de la facultad. Mi compañero y yo elegimos una frase que se encontraba ubicada en las escaleras de emergencia: “llamamos caos a un orden que no conocemos”. Esta frase, en particular, nos resonó de una manera especial, ya que evoca la idea de que muchas veces, aquello que percibimos como desordenado puede tener una lógica interna que simplemente no logramos comprender.

Una vez que seleccionamos la frase, tuvimos que escribirla en un papel y dejarla apoyada sobre un banco en el aula, como una especie de símbolo de nuestra elección. A medida que avanzaba la actividad, continuamos eligiendo más frases hasta que se formaron grupos de cinco personas. Fue un momento clave, ya que, de ahí en adelante, nos convertimos en un equipo y pasamos al siguiente ejercicio del día: diseñar un monumento al diseño.

Al principio, el ambiente en el aula era de curiosidad y entusiasmo. Comenzamos a intercambiar ideas y a conocernos un poco mejor para crear un espacio de confianza. Nos presentamos y compartimos de qué carreras veníamos, lo cual resultó ser un aspecto muy enriquecedor, ya que cada uno aportó una perspectiva única al grupo, basada en sus estudios y experiencias. Esta interacción fue esencial para establecer una buena dinámica de trabajo.

Después de conocernos un poco más, empezamos a volcar nuestras ideas y conceptos sobre un papel afiche grande que habíamos traído. Mientras lo hacíamos, la conversación fluía naturalmente; compartimos unos mates, lo que contribuyó a crear un ambiente relajado y colaborativo. Esa interacción no solo hizo que el trabajo fuera más ameno, sino que también nos permitió conocer las diferentes visiones que cada uno tenía sobre el diseño y lo que podría representar un monumento al diseño.

En la siguiente fase de la actividad, cada uno de nosotros tuvo que seleccionar cinco palabras de todas las que habíamos anotado en el afiche y ordenarlas jerárquicamente, basándonos en lo que considerábamos más importante para nosotros. En mi caso particular, elegí las palabras “espacio”, “función”, “forma”, “sensación” y “toscano”. Estas palabras surgieron del mar de ideas que habíamos generado y reflejaron mis prioridades en el proceso de diseño.

Una vez que cada uno presentó sus selecciones, discutimos en grupo y finalmente elegimos cinco palabras que todos consideramos significativas. La verdad es que logramos ponernos de acuerdo sorprendentemente rápido, gracias a la buena sinergia que se había formado desde un principio. Una vez seleccionadas estas palabras clave, el siguiente paso fue crear una oración que integrara esos términos, ya que esta oración sería el disparador para el diseño del monumento.

Francisco, uno de los integrantes de nuestro grupo, tomó la iniciativa de hacer un dibujo que combinara nuestras ideas y reflexiones. Mientras él trabajaba en el boceto, yo les preguntaba a mis compañeros sobre sus opiniones respecto a la representación gráfica de esas palabras. Esto generó una lluvia de ideas muy fructífera, que sirvió de base para llegar al dibujo final. La colaboración y el diálogo entre nosotros fueron fundamentales en este proceso creativo.

Después de realizar uno o dos bocetos, nos organizamos y designamos tareas específicas para cada uno, y así nos pusimos manos a la obra. El trabajo en equipo fue fluido, y la conexión que habíamos cultivado permitió que todos aportaran de manera activa y efectiva. Finalmente, el resultado llegó a buen puerto; cada uno de nosotros sintió que había contribuido al éxito del proyecto.

Personalmente, estoy muy conforme con el resultado final. No solo porque el monumento que creamos era visualmente atractivo, sino también porque reflejaba nuestras ideas y valores compartidos. Al parecer, a los demás compañeros de la clase también les gustó, ya que se detuvieron a sacarle fotos y nos felicitaron. Esta experiencia no solo fue gratificante en términos del trabajo realizado, sino que también sirvió como una excelente oportunidad para conocernos entre todos y desarrollar nuestras habilidades de resolución de problemas en grupo. Sin duda, fue una gran experiencia que atesoraré a lo largo de mi formación.

La evidencia de una buena sinergia entre personas nos lleva a resultados positivos, a su vez como la buena predisposición y la capacidad resolutiva de los individuos. Juntos, y con nuestras fortalezas y desventajas, es parte de nosotros el accionar y resolver el ejercicio planteado por los docentes.

La interacción entre nosotros y el operar sabiendo a donde queremos llegar pero sin visualizar el resultado concreto nos ayudan de disparador para fomentar la imaginación, el dinamismo y nuestra capacidad resolutiva.






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