AURICH, Daniela Denise | Clase 5 (Bitácora)
CLASE 5
Reflexionar sobre esa experiencia me lleva a cuestionar los límites del aprendizaje y las dinámicas que surgen en un entorno académico que, por momentos, parece desafiar nuestras expectativas. Al llegar a la clase, me envolvía una mezcla de desconcierto y curiosidad, ya que no sabíamos qué hacer. La ausencia de materiales o indicaciones claras incrementaba esa sensación de incertidumbre, lo cual me hacía preguntarme qué tenían planeado los docentes para nosotros. Lo que menos me imaginaba era que terminaría desfilando frente a la clase, encarnando un personaje tan peculiar como Fernando Alejando D´Angelo Urquiza, mejor conocido como FADU. La experiencia de personificar a un personaje fuera de lo común en un ambiente de alta expectativa se relaciona directamente con los desafíos de identidad y adaptación tratados en la Clase 1. Encarnar a FADU me hizo reflexionar sobre mi identidad en un contexto de juego y creatividad. Esto me obligó a ser flexible en mi interpretación, adaptando mi personalidad para dar vida a un personaje ajeno y a comprender cómo el "yo" puede moldearse en función de las expectativas y el entorno, algo que también exploro en mis reflexiones sobre el diseño gráfico y el concepto de identidad en la primera clase.
Cuando nos dieron la consigna, descubrimos que teníamos que crear un estereotipo que representara a un alumno típico de la FADU, pero con un toque de originalidad. En nuestro grupo, optamos por hacer algo fuera de lo común. Esta fase de creación fue un momento de diversión y creatividad desbordante. Empezamos a soltar ideas sin frenos, fluyendo entre risas y debates sobre cómo llevar a nuestro personaje a una visión no convencional. Aunque los estereotipos siempre tienen un núcleo de verdad, decidimos no limitarnos y nos entregamos a la libertad creativa. Al encarnar a FADU, experimenté una especie de distanciamiento de mi identidad real para darle vida a un personaje ajeno. Similar a cómo la disociación en el diseño me permite explorar ideas desde una perspectiva externa, representar a FADU me dio la libertad de explorar un lado de mí que usualmente no muestro. Esta distancia con mi "yo" cotidiano me ayudó a afrontar los nervios y a experimentar el desfile como un ejercicio de disociación creativa, entregándome al papel y disfrutando la experiencia en lugar de sentirme limitada.
La verdadera dificultad surgió cuando nos enteramos de que alguien tendría que actuar como el personaje y desfilar frente a toda la clase, como si fuera un personaje de los Sims. Lo cómico de la situación es que cuanto más exagerado hacíamos al personaje, menos ganas teníamos de ser los que lo personificaran. A medida que el personaje crecía, nuestras expectativas también lo hacían, lo que generó una especie de resistencia colectiva a ser el "voluntario" elegido. Entre risas nerviosas, decidimos que la única manera justa de seleccionar al representante sería a través de un sorteo, y para mi sorpresa, fui yo quien tuvo la "suerte" de ser elegido. El alivio y la compasión en las caras de mis compañeros fue evidente. Todos estaban felices de no haber sido seleccionados, y yo, por otro lado, no tenía más opción que afrontar el desafío. Aunque me lo tomé con gracia, por dentro no podía evitar sentir el peso de la expectativa. Pensaba en cómo la decisión de crear un personaje tan alejado de los estereotipos convencionales —un arquitecto de 66 años que, tras haber combatido en la guerra de Malvinas, decidió estudiar paisajismo— nos había puesto en una situación tan particular.
Los momentos previos al desfile estuvieron cargados de tensión, pero no del tipo negativo, sino más bien de una expectativa divertida. Mientras mis compañeros ajustaban el texto para que fuera coherente y buscaban la mejor forma de representar a Fernando, yo me preparaba mentalmente. Finalmente, decidimos que su outfit sería monocromático, aprovechando que teníamos varias prendas verdes disponibles. Lo curioso es que todos esos detalles, desde la edad hasta la experiencia en Malvinas, fueron ideas que en su momento parecían graciosas, pero que al enfrentarlas en el contexto del desfile comenzaron a adquirir un peso distinto. A medida que se acercaba mi turno, me invadía una sensación de nerviosismo. No era simplemente caminar frente a mis compañeros, sino que se trataba de personificar a este ser ficticio al que le habíamos dado vida. El jurado, compuesto por una de mis amigas, tampoco ayudaba a aliviar los nervios, ya que sabía que estarían observando cada uno de mis movimientos con una mezcla de humor y expectativas. La diversidad de pensamientos en nuestro grupo nos permitió lograr una construcción de personaje única y dinámica, similar a cómo en el diseño gráfico aplico distintos modos de pensamiento para dar profundidad a mis proyectos.
El momento llegó, y al ritmo de una canción de rock que sonaba en el fondo, salí a desfilar. Cada paso me parecía eterno, pero lo asumí con la mayor confianza que pude reunir. Las risas contenidas y las miradas cómplices de mis compañeros hicieron que todo se sintiera como una especie de actuación improvisada, pero una que, de algún modo, me permitió soltarme y disfrutar. Más allá de los nervios, la actividad me pareció genuinamente divertida. Ver cómo otros grupos también le ponían un toque único a sus personajes me ayudó a relajarme y a disfrutar del proceso. Si bien fue un gran desafío a nivel personal, en especial tener que ser quien enfrentara al público, me dio la oportunidad de salir de mi zona de confort. Además, pude ver el lado humorístico de la situación y cómo, al final del día, lo más significativo fue haber compartido esa experiencia con mis compañeros..
Trabajar en equipo para crear y presentar a FADU me permitió ver a mis compañeros bajo una luz diferente y generar lazos más estrechos con ellos. El ambiente de apoyo y humor hizo que el proceso fuera aún más enriquecedor, mostrándome cómo el aprendizaje compartido y la colaboración pueden hacer que experiencias retadoras se conviertan en valiosas oportunidades de crecimiento y diversión.
Como actividad grupal, fue una excelente manera de fortalecer la colaboración. Discutir las características del personaje, sus motivaciones y su historia nos hizo trabajar juntos de una forma más profunda y creativa. También me permitió conectar con mis compañeros de una manera distinta, compartiendo ideas y risas en un ambiente relajado. A pesar de la presión que sentí al tener que desfilar, la experiencia me dejó una sensación de logro y la certeza de que, a veces, las actividades más inesperadas son las que más nos ayudan a crecer.
DEVOLUCIÓN: SN
Comentarios
Publicar un comentario