AURICH, Daniela Denise | Clase 6 (Bitácora)
CLASE 6
En el proceso de diseño, los modos de pensar influyen en cómo abordamos los proyectos y tomamos decisiones. A lo largo de mi experiencia, he descubierto que cada uno —corporal, manual, musical, místico, técnico, concreto, abstracto y espacial— juega un rol diferente en el proceso creativo, impactando de manera significativa.
Uno de los más importantes para mí es el modo corporal. Caminar por la calle se convierte en una fuente de inspiración constante. Este acto físico me permite conectar con el entorno, activando mis sentidos y abriendo mi mente a nuevas ideas. Al caminar, observo tipografías, colores y la disposición de los elementos visuales en el espacio urbano. Esta interacción con el mundo exterior refresca mis ideas y me ayuda a incorporar detalles inesperados en mi trabajo, enriqueciendo mi proceso creativo.
El modo de pensar técnico se manifiesta en mi uso de plataformas y redes sociales. Estas herramientas son clave para buscar referencias y tendencias. Redes como Instagram o Behance me brindan una retroalimentación visual constante, ayudándome a encontrar soluciones creativas. Sin embargo, el contacto continuo con las redes también puede ser abrumador. Aquí es donde el modo abstracto entra en juego, permitiéndole filtrar lo relevante para mi proyecto.
Un problema recurrente en mi trabajo es cuando surge un inconveniente técnico, como perder un archivo. Aunque puede ser frustrante, también abre nuevas oportunidades. Al reconstruir lo perdido, a menudo llego a soluciones más creativas que enriquecen el resultado final. En este caso, el pensamiento técnico y abstracto se entrelazan, convirtiendo un contratiempo en una oportunidad de reinterpretación.La disociación también juega un papel crucial en mi proceso. Al desconectarme de la idea original, permito que mi mente explore libremente y descubro nuevas conexiones. Este fenómeno está relacionado con los modos místico y abstracto, donde las ideas fluyen sin restricciones, al alejarme de lo planeado, el proyecto evoluciona en direcciones inesperadas pero valiosas. A veces, cuando una idea no se materializa como esperaba, me trabo buscando cómo resolverla, lo que genera estrés, llevándome al sobrepensamiento. Este conflicto entre lo abstracto y lo concreto puede ser abrumador, y en esos momentos dejó el proyecto de lado hasta que la presión de los plazos me obliga a retomarlo. Curiosamente, trabajar bajo presión suele producir resultados efectivos.
La conexión entre la disociación y el diseño, observada en la clase 7, se presenta aquí como una herramienta creativa, aunque también sea un factor que puede llevar al estrés y la procrastinación. Esta similitud destaca cómo, al desconectarme y dejar un proyecto de lado, muchas veces regreso con una mente fresca. Sin embargo, existe el riesgo de perder el enfoque o sentirme abrumada, justo como se menciona en la clase 7 cuando el bloqueo o la disociación afecta la concentración y el rendimiento.
Otro aspecto clave en mi proceso es la interacción con otros. Trabajar en grupo o conversar con amigos genera cambios significativos en mis proyectos. Las perspectivas ajenas me permiten ver problemas desde ángulos que no había considerado. En este sentido, los modos espacial y manual se hacen evidentes, ya que la colaboración distribuye ideas en un espacio compartido, generando nuevas soluciones. El diseño no es solo un proceso individual, y las opiniones diversas enriquecen mi trabajo. En mi caso es evidente que el trabajo en grupo actúa como un método para confrontar estas dificultades y darnos un apoyo mutuo, permitiendo que me enfoque y comparta métodos para superarlas.
Los modos de pensar afectan profundamente cada etapa de mi proceso de diseño. El modo corporal me conecta con el entorno e inspira, mientras que el técnico y abstracto me ayudan a interactuar con herramientas y a filtrar la información necesaria. La disociación me da libertad creativa, aunque puede llevarme al sobrepensamiento y al estrés. Sin embargo, la interacción con los demás siempre refresca mis ideas y me ofrece apoyo.
Al reflexionar sobre todo esto, surgen preguntas importantes: ¿Cómo equilibrar estos modos de pensar para que trabajen en armonía? ¿Cómo aprovechar los momentos de frustración o bloqueo para generar nuevas ideas? Estas cuestiones me invitan a seguir explorando y optimizando mi proceso creativo. Cada modo de pensar tiene su lugar, y aprender a usarlos conscientemente puede marcar la diferencia entre un diseño forzado y uno fluido y exitoso.
DEVOLUCIÓN: N+
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