GRUPO 5 | Clase 6
En esta clase, el enfoque principal
era pensar en estas ocho categorías y cómo diferentes situaciones posibles
dentro del proceso de diseño se ordenan dentro de ellas. Nuestro grupo decidió
virar levemente de la consigna original y optamos por una dinámica un tanto
diferente: describirnos a nosotros mismos dentro de estas categorías. Para
ello, armamos un gráfico en el que nos asignamos un valor numérico dentro de
cada una de estas categorías. Además, cada uno trazó su línea en el gráfico de
manera tal que buscara representar cómo se veía a sí mismo, sin seguir un
criterio particular más allá de lo que cada uno sentía que lo representaba
visualmente.
Luego de describirnos dentro de estos
modos de pensamiento, cada integrante del grupo escribió algo relacionado al
proceso de diseño que describiera dicho pensamiento. Por ejemplo, reflexionamos
sobre cómo el pensamiento espacial se relaciona con la capacidad de disociarse
del cuerpo para pensar más allá de lo que se tiene directamente enfrente, o
cómo el pensamiento concreto refleja la capacidad de ser decisivo en el proceso
de diseño, evitando desviarse de la idea central. También discutimos cómo la dimensión
manual se conecta con el dibujo a mano, y cómo esta práctica establece una
relación directa entre la mente y la mano, permitiendo una mayor fluidez en el
proceso creativo.
Este ejercicio no solo nos llevó a
reflexionar sobre cómo somos como diseñadores y en qué dimensiones nos vemos
menos representados, sino también a cuestionar y debatir el significado de cada
una de estas categorías. Un ejemplo interesante fue la dimensión espacial, que
generó opiniones diversas sobre cómo abordarla. Para algunos, esta categoría
implicaba una relación más teórica y abstracta, mientras que para otros se
vinculaba a una comprensión más práctica del espacio, lo cual también podría
estar relacionado con nuestras distintas trayectorias académicas y
profesionales. Del mismo modo, el modo corporal suscitó un debate sobre si este
concepto se refería a cómo uno escucha y responde a su propio cuerpo en
términos sensoriales, o si aludía más específicamente a la actividad física y
el deporte.
Al compartir nuestro trabajo con uno
de los docentes, este nos introdujo a lo que denominó los “tres estados de
pensamiento”: vigilia, sueño y ensueño. Estos estados, según el docente, se
relacionan con diferentes categorías del proceso de diseño. Por ejemplo, el
estado de vigilia se vincula con la dimensión corporal, ya que involucra estar
alerta y consciente del entorno físico, lo cual es crucial en actividades
físicas o prácticas. Por otro lado, la dimensión mística se asocia al estado de
sueño, un momento en el que la mente se conecta con el subconsciente, y el
estado de ensueño se relaciona con el pensamiento imaginativo, que podría
vincularse tanto a la dimensión espacial como a la conceptual o abstracta.
Otro punto de reflexión al analizar
nuestro gráfico fue cómo, por el hecho de ser diseñadores, ciertas dimensiones
adquieren matices diferentes en comparación con cómo alguien ajeno al diseño
podría interpretarlas. Es decir, algunas categorías están más estrechamente
ligadas a nuestra decisión de diseñar y nuestro deseo de hacerlo. La dimensión
espacial, por ejemplo, es fundamental, no solo porque refleja el interés por
las experiencias estéticas, sino porque es una habilidad que se desarrolla y
fortalece con la práctica del diseño. El dibujo, en particular, influye
notablemente en cómo nos relacionamos con las dimensiones abstractas,
espaciales y manuales, ya que es una actividad que está directamente conectada
con esos modos de pensar. Por otro lado, dimensiones como lo corporal, al estar
más vinculadas al estado físico, tienden a verse menos representadas en una
disciplina que, aunque incluye aspectos manuales, sigue siendo principalmente
intelectual y cerebral.
A través de este análisis, también
pudimos identificar similitudes y diferencias entre nosotros, ya que nuestros
modos de pensar varían en cada categoría. Estos contrastes reflejan no solo
nuestras fortalezas y debilidades en diferentes momentos del proceso de diseño,
sino también cómo decidimos organizar y clasificar estos modos de pensar en el
gráfico. Al final, este ejercicio no solo fue una introspección personal, sino
también una oportunidad para comprender cómo nuestras particularidades influyen
en nuestro enfoque y práctica del diseño.

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