TOSCANO, Leandro | Clase 5 (Bitácora)

 BITACORA 5

El día de hoy se nos encomendó la tarea de crear un modelo de la realidad, ya sea concreta o imaginaria. La actividad consistió en la creación de un personaje ficticio, el cual debía estar dotado de características particulares que nos ayudarían a enriquecer su personalidad y a darle vida, para que posteriormente uno de los integrantes del grupo pudiera encarnarlo en un desfile general. Esta dinámica no solo era un ejercicio de creatividad, sino también una oportunidad para explorar la interacción y la colaboración en equipo.

Las directivas que recibimos para el desarrollo del personaje eran bastante claras. Debíamos definir su nombre, edad, carrera que estudiaba, gustos, anhelos y aversiones. Este marco nos proporcionó una base sólida sobre la cual trabajar, pero también dejó un amplio margen para la interpretación y la creatividad. Cada uno de nosotros tenía la responsabilidad de contribuir al perfil del personaje, y así comenzó un proceso de lluvia de ideas en el que todos participamos activamente.

Durante el desarrollo de la actividad, lo que realmente se volvió primordial fue la comunicación y la química del equipo. La buena predisposición para colaborar y el compromiso con la actividad fueron factores clave para el éxito de nuestra tarea. A medida que compartíamos nuestras ideas y debatíamos sobre las características del personaje, fue evidente que las decisiones debían ser colectivas y claras. La creación de un personaje enriquecido dependía de los aportes individuales de cada integrante, más que de cualquier discordancia que pudiera surgir. Si bien el debate puede ser sano y productivo, los tiempos eran acotados, lo que hacía que cada minuto contara.

En este contexto, la importancia de lo lúdico y lo experimental se puso de manifiesto. Mi grupo y yo nos encontramos una vez más en la búsqueda de llegar a buen puerto con nuestra creación. La realidad es que la actividad, desde mi perspectiva, resultó ser bastante placentera y divertida. A lo largo de las clases y de los trabajos conjuntos, hemos logrado desarrollar una gran afinidad. Esta cercanía nos ha permitido conocer los puntos fuertes y las debilidades de nuestros compañeros, lo que nos ayuda a identificar en qué momentos la participación de algunos integrantes es más recesiva o dominante.

Podemos relacionar esta dinámica con el concepto de improvisación en la música. Así como un pianista improvisa sobre un patrón armónico, sin conocer el destino final de su composición, nosotros también estábamos en un camino de improvisación controlada. Sabíamos hacia dónde nos dirigíamos, pero en el trayecto, nos permitimos explorar y experimentar con nuestras ideas. Nadie en ningún momento pensó en desvirtuar la actividad ni en hacer algo diferente a lo que había propuesto la cátedra. Todos estábamos en la misma sintonía, conscientes de que íbamos a exhibir un personaje y a personificarlo, aunque aún no sabíamos cuáles serían sus características exactas: ni su sexo, ni su edad, ni su oficio.

A medida que la actividad avanzaba, las discusiones se volvieron más fluidas y creativas. Un elemento clave fue el entusiasmo colectivo que se sentía en el grupo. Cada nuevo aporte, cada idea, se convertía en un ladrillo más en la construcción de nuestro personaje. La colaboración se volvió un proceso casi orgánico; a medida que cada uno exponía su visión, se tejía un relato en conjunto que comenzaba a tomar forma.

La búsqueda del equilibrio entre las diversas opiniones y la necesidad de llegar a un consenso fue, sin duda, un desafío. Pero en lugar de resultar frustrante, se convirtió en una oportunidad para fortalecer nuestro vínculo como equipo. Cada uno de nosotros se sintió escuchado y valorado, lo que incentivó un clima de confianza y apertura.

Finalmente, cuando llegó el momento de decidir y consolidar la identidad de nuestro personaje, todos estábamos en sintonía. La combinación de nuestras ideas, experiencias y la química del grupo resultó en la creación de un personaje que no solo cumplía con los requisitos de la actividad, sino que también reflejaba la diversidad y la riqueza de nuestras individualidades. Así, el ejercicio no solo se trató de crear un personaje, sino de aprender a trabajar juntos, a escucharnos y a valorar la pluralidad de pensamientos. Fue una experiencia enriquecedora que reafirmó la importancia de la colaboración en el proceso creativo.

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