SAENZ COLMEGNA, Conrado | Clase 9 (Bitácora)
Conrado Saenz - Bitácora clase 9
Trabajar en la identificación de casos puede, en ocasiones, ser más complejo de lo que inicialmente parece. Esto puede deberse a que muchos de los conocimientos que poseemos han sido incorporados de manera inconsciente, o porque están tan profundamente integrados en nuestra experiencia que resulta difícil transcribirlos y expresarlos con claridad. Al reflexionar sobre casos, lo primero que viene a nuestra mente suelen ser aquellos más cercanos o conocidos, ya sea un familiar, una figura pública o algún elemento popular que ha marcado nuestra vida. Sin embargo, estamos rodeados de casos constantemente, incluso en nuestro entorno académico, cuando interactuamos con compañeros que han atravesado recorridos similares al nuestro a lo largo de nuestra trayectoria universitaria.
De este modo, podríamos argumentar que estamos inmersos en una diversidad de casos de manera permanente: casos distintos, complejos, sencillos, pero ninguno de ellos es más válido que el otro. Todos los casos aportan valor al ejercicio que estamos realizando. A pesar de que durante el trabajo en grupo se seleccionen algunos casos específicos, la reflexión individual nos invita a explorar aquellos casos que, por diversas razones, no fueron elegidos en el contexto del ejercicio en clase. En ocasiones, evitamos mencionar nuestros propios casos, ya sea por modestia, por pensar que no son tan relevantes, o por creer que no resultan tan interesantes en comparación con otros. No creo que todos los motivos por los cuales un caso no queda seleccionado en estos ejercicios provenga siempre desde alguna emoción negativa, seguramente existan casos (apropiadamente) donde no se mencionan por simples inconveniencias o distracciones. Sin embargo, esos casos también merecen ser explorados, al menos en esta instancia.
Al referirme a mi propio caso, encuentro inspiración para reflexionar sobre mi paso por la facultad. Ingresé en 2019 y, afortunadamente, he podido completar cada año de manera regular. No me siento superior a nadie por ello, pero sí percibo que mi recorrido fue en parte impulsado por la presión de cumplir con el programa académico sin la necesidad de trabajar durante la cursada. Sentía que, al no tener esa obligación externa, mi responsabilidad era rendir al máximo dentro del marco estudiantil. No me reprocho por los fracasos que he tenido en algunos exámenes, ya que es algo que puede sucederle a cualquiera. Me resulta curioso en la distancia que la justificación sea "es algo que le pasa a todos", como si eso me eximiese de mis errores por ser compartidos; se me ocurre rápidamente que el origen de esto pueden ser las palabras que mis allegados usaron como consolación durante momentos de frustración. No obstante, siempre consideré que aprobar las materias y respetar el plan de estudios era una prioridad absoluta.
A lo largo de este trayecto, me di cuenta de ciertos casos en los que no estoy completamente de acuerdo con la facultad. Agradezco la oportunidad de estudiar en una institución que es reconocida, pero no puedo ignorar algunos defectos presentes en su estructura educativa, que en ciertos casos ha quedado algo obsoleta. Existen métodos de enseñanza de algunos profesores que parecen relegados a tiempos pasados, sin una revisión crítica que los adapte a las necesidades del presente. En mi opinión, la modernización es esencial para la educación, ya que el mundo actual es muy distinto al de hace 40 años. En mi caso, siento que algunos de los contenidos que aprendemos podrían haber sido más útiles en otro contexto mundial (me refiero al espacio temporal). Por ejemplo, aprender a dibujar o construir maquetas de forma completamente manual, sin el uso de tecnologías como el corte láser o la impresión 3D o incluso AUTOCAD (Solo se le dedica una materia optativa a partir de 3er año del programa), es algo que, si bien valoro, considero que podría adaptarse mejor a las herramientas disponibles hoy en día.
Esto no significa que esté en contra de los métodos tradicionales, sino que creo que existen otras formas de aprender que también merecen ser exploradas. La existencia de modelos 3D, por ejemplo, ofrece una alternativa valiosa para entender volumetrías de una manera diferente a como lo haría una maqueta física. No niego la belleza de un objeto construido manualmente, pero creo que hay una desconexión temporal en estos métodos que ya no se ajustan completamente a las necesidades actuales. En tiempos anteriores, eran los más adecuados, pero hoy, dado el contexto tecnológico, creo que es necesario revisar estos enfoques, sobre todo para respetar el tiempo del estudiante, que invierte largas horas fuera de clase en la elaboración de estos productos.
Otro aspecto que observo es la manera en que estas maquetas son tratadas como productos finales, fotografiadas y exhibidas en las redes sociales de las cátedras, casi como si fueran el pináculo del proceso, sin una atención real a lo que se está diseñando más allá de la estética de la maqueta. No quiero extenderme demasiado sobre esto, pero considero que es importante reflexionar sobre cómo estas prácticas impactan en nuestra experiencia como estudiantes.
Tal vez es momento de que la facultad revise sus propios casos, considerando los tiempos actuales y las críticas que han surgido sobre su modelo educativo. Creo que una autocrítica honesta sobre sus valores y métodos de enseñanza podría ser su mejor defensa ante los desafíos que enfrenta hoy en día. Así como los estudiantes deben salir de su zona de confort, las instituciones educativas también deben estar dispuestas a modernizarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Para mí, resulta inconcebible que se siga enseñando lo mismo durante 40 años sin cambios significativos. Encontrar apuntes que no han sido actualizados en una década, ignorando los avances que han ocurrido, es una señal clara de que es necesario repensar cómo se imparte el caso de la educación.
Siento que quizás el caso de la facultad fue sobre-extendido, hubiese estado bien contrarrestar una lógica tan severa con algo más suave, como por ejemplo los buenos momentos que he podido disfrutar con mis compañeros; la gratitud del reencuentro con un compañero con el que no coincidía hace mucho o incluso el placer de conocer personas con las que uno se siente afín. Todas ellas ocurrieron por mera casualidad en esta cátedra.
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