TOSCANO, Leandro | Clase 6 (Bitácora)

BITACORA 6

Lamentablemente, no pude asistir a la clase programada, así que la memoria de esta sesión es un constructo basado en lo que mis compañeros compartieron conmigo, ofreciendo diversas perspectivas sobre la experiencia vivida. Me explicaron que el enfoque principal de esta ocasión era reflexionar en torno a ocho categorías específicas y cómo distintas situaciones dentro del proceso de diseño se clasifican en ellas. Este enfoque se centraba en analizar nuestras habilidades y cómo estas se relacionan con el diseño, permitiéndonos identificar áreas de fortaleza y áreas a desarrollar.

Sin embargo, nuestro grupo decidió modificar un poco la consigna original, optando por una dinámica alternativa que consistía en describirnos a nosotros mismos dentro de estas categorías. Esta decisión surgió de la necesidad de hacer el ejercicio más personal y relevante, ya que conocernos mejor a nosotros mismos podría ser fundamental para nuestro crecimiento como diseñadores. De esta manera, cada uno de nosotros pudo explorar su propia identidad y cómo esta influye en su práctica profesional.

Para llevar a cabo esta actividad, mis compañeros crearon un gráfico en el que cada uno se asignó un valor numérico en cada categoría. Este ejercicio no solo fue una manera de cuantificar nuestras habilidades, sino también de reflejar cómo nos percibimos en un contexto creativo. A través de esta representación gráfica, cada uno trazó su línea de modo que buscara reflejar su autoimagen, sin seguir un criterio preestablecido, sino más bien basándose en lo que cada uno sentía que lo representaba visualmente. Este proceso incluyó la creación de octógonos de diferentes intensidades en sus lados, dependiendo de los rasgos que más los identificaban. Por ejemplo, algunos podrían haber marcado un lado más fuerte en lo técnico, mientras que otros podrían haberse enfocado en lo místico o abstracto.

Así, cada uno logró construir un octógono irregular que dejaba en evidencia las distintas percepciones que cada uno de los alumnos tenía sobre sí mismo. Al observar el resultado en el esquema, se hacía evidente que algunos tenían una mayor afinidad entre los calificativos propuestos, mientras que otros parecían estar en antítesis con su propia cosmovisión. Esta visualización no solo fomentó la autoevaluación, sino que también promovió la discusión entre nosotros, al permitirnos comparar nuestras percepciones y comprender las diferencias en nuestras trayectorias y experiencias.

Durante la clase, mis compañeros me contaron que los profesores se acercaron para revisar el trabajo del grupo y hablaron sobre tres estados de pensamiento: vigilia, sueño y ensueño. En esta etapa, cada estudiante se encasilló en el estado que consideraba más pertinente. El profesor comentó que estas instancias son donde nacen nuestras ideas más íntimas, en ese delicado espacio intermedio entre estar completamente presentes y sentirnos ausentes. Esta reflexión sobre los estados de pensamiento resuena con el proceso creativo, ya que muchas veces las mejores ideas surgen cuando nuestra mente divaga, permitiéndonos conectar conceptos aparentemente inconexos.

Reflexionando sobre esta dinámica, debo admitir que no pude participar en el ejercicio, pero basándome en mi autoanálisis, creo que mi personalidad, en función de las categorías de corporal, manual, musical, místico, técnico, concreto, abstracto y espacial, se definiría principalmente como mística, seguido por una cantidad similar de características musicales y técnicas, mientras que los otros rasgos serían más recesivos, ya que considero que tienen menor relevancia en mi desarrollo personal. Esta percepción de mí mismo no solo me ayuda a entender mis fortalezas, sino que también me permite identificar áreas donde podría mejorar o incluso explorar nuevas posibilidades en mi formación.

A través de este ejercicio en clase, se puede facilitar una mirada tanto personal como crítica hacia nuestro proceso formativo. Permite una introspección valiosa para evaluar cómo nos estamos configurando como individuos y reflexionar sobre si algunos de los rasgos que poseemos hoy en día deseamos minimizarlos —ya sea porque los percibimos como negativos o simplemente porque no deseamos adoptarlos— o, por el contrario, queremos potenciarlos. Esta actividad no solo fomenta el autoconocimiento, sino que también invita a cada uno a explorar sus propias habilidades y características, enriqueciendo así nuestra comprensión sobre quiénes somos en el contexto del diseño y más allá.

Además, la dinámica grupal fomenta el aprendizaje colaborativo, ya que compartir nuestras percepciones permite a los demás ver diferentes enfoques y formas de abordar el diseño. Esta interacción es crucial, ya que el diseño es un campo que se nutre de la diversidad de ideas y perspectivas. Por lo tanto, aunque no haya estado presente en la clase, la información que obtuve me brinda una base sólida para continuar reflexionando sobre mi desarrollo personal y profesional, integrando las enseñanzas compartidas por mis compañeros. En última instancia, este proceso no solo nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos, sino también a entender mejor cómo podemos contribuir al mundo del diseño de manera significativa y auténtica.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

AURICH, Daniela Denise | Clase 2 (Bitácora)

GRUPO 5 | Clase 2

TOSCANO, Leandro | Reflexión final