YEBRIN, Tania | Clase 7 (Bitácora)
Ante la pregunta de: “¿qué es un problema?”, o “¿qué es algo detonante?”, “¿O un problema detonante?”, mi cabeza decidió borrar todo lo que alguna vez, en otro momento que no fuera esa clase, hubiese pensado qué era un problema. Pensé en mis momentos de crisis (seguramente en esos donde el programa se traba y volves a recaer en tu fe religiosa para no perder el archivo sin guardar) o en situaciones que alguna vez me haya quejado de algo. Hasta que volví a minutos antes de entrar a clase, cuando estaba hablando sobre cosas que tenía que hacer y que no tenía ganas de hacer y me encontré con una palabra, compartida por muchos como un problema, el cual no pude negar que fue la respuesta correcta: la procrastinación.
(Este concepto de buscar un problema, me llevó al inicio de la clase 10, cuando nos sentamos en grupo a escribir un manifiesto y buscar un "problema detonante" y cómo hacer un programa de acción con un diálogo imperativo y con causas, pero que en este caso, era ver una solución de una manera más interna que externa y con un diálogo hacia el otro).
Para llegar a esa conclusión, pasé por
muchos más análisis. Los problemas están en todos lados. No importa quién seas,
todos tenemos algún obstáculo que superar, ya sea no tan relevante como también
importante. Pero el problema no siempre tiene que ser visto como algo negativo.
De hecho, uno de los enfoques que trabajamos en clase fue el de ver el problema
como una oportunidad. Es cierto que puede generar incomodidad o
incertidumbre, pero también despierta curiosidad y nos motiva a cuestionar lo
que estamos haciendo, a buscar algo mejor. A buscar una solución.
(Este enfoque de ver los problemas
como oportunidades me recuerda a la clase 5, donde creamos un personaje que
rompía con lo clásico y nos llevó a desafiar las normas. En ese proceso,
tomamos decisiones que parecían problemáticas, porque se suponía que no las
conocíamos, que lo que queríamos hacer era desafiarnos a ir por un modelo que
no conocíamos. Pero se convirtieron en puntos clave para hacer algo diferente y
más interesante.)
En la vida, si no tenemos problemas,
nos estancamos. En clase discutimos que los problemas no son el enemigo; son
detonantes para actuar. Nos llevan a hacernos preguntas y buscar soluciones.
Sin problemas, no hay desafíos, y sin desafíos, no hay crecimiento. Por eso, es
clave aprender a identificar cuándo estamos frente a un verdadero problema y no
solo a algo que queremos evitar.
Cuando un problema surge, nuestra
mente inmediatamente empieza a hacer preguntas. Este proceso de reflexión es
clave, porque nos obliga a enfrentarnos a la realidad y buscar respuestas (que
son muchas, como dije, pensé en todos mis momentos de crisis para darme cuenta
de que gran parte de ellos iban de la mano de mi respuesta). En el caso de la procrastinación,
el problema que elegí para esta bitácora, las preguntas más comunes terminaron
surgiendo más solas por costumbre que por otra cosa:
·
¿Por qué no lo hago ahora?
·
¿Y si lo hago después?
·
¿Y si no lo hago nunca?
·
¿Por qué sigo evitando esta tarea?
·
¿De verdad quiero hacerlo?
La procrastinación es un ejemplo de
cómo un problema puede transformarse en una serie de cuestionamientos sin
respuestas claras. Postergar algo importante se convierte en una forma de
lidiar con la incomodidad del momento, pero a largo plazo solo agrava el
problema. No resolver estas preguntas no solo nos retrasa en las tareas, sino
que aumenta la ansiedad (la mejor amiga de toda nuestra generación).
Una de las grandes reflexiones que
surgió en la clase es que tener problemas no es algo malo (el problema
después es decírselo a la ansiedad). Es más, se habló de que no tener problemas
podría ser el verdadero problema. Sin desafíos, no tendríamos nada que
resolver, nada que mejorar. Y cuando nos enfrentamos a un obstáculo, es una
oportunidad de aprender, de pensar diferente y de innovar. En el diseño, el no
encontrarse con tropiezo, entonces no hay aprendizaje al levantarse.
La procrastinación es un
ejemplo perfecto de un problema detonante y, en el diseño, tu peor enemigo en
épocas de entrega o comisiones. Postergar algo nos genera una espiral de
inacción que parece no tener fin. Nos sentimos atrapados entre la tentación de
dejarlo para después y la culpa por no haberlo hecho antes. Pero este problema,
si lo pienso de una manera más optimista, también es una oportunidad. Nos
obliga a reflexionar sobre nuestras prioridades, nuestra gestión del tiempo y,
sobre todo, sobre el miedo al fracaso o a no estar a la altura.
(Esto se vincula con lo que
discutimos en la clase 6 sobre cómo nuestras creencias e influencias externas,
como la astrología en mi caso, afectan nuestra manera de percibir y enfrentar
problemas. Si bien algunos se basan en lo místico o personal, otros pueden
estar más orientados a la estructura o lo técnico, lo que nos lleva a tener
distintas aproximaciones a los desafíos y problemas.)
En clase, con mis compañeros de grupo,
hablamos de cómo la procrastinación no es solo falta de ganas, sino una batalla
interna contra el autocontrol. Que la razón detrás de la procrastinación es más
profunda de lo que parece, está relacionada con la duda propia o la
autoexigencia. Identificar esto es clave para empezar a resolver el problema.
En definitiva, los problemas son
inevitables, pero también son necesarios. Enfrentarnos a ellos, lejos de ser
algo negativo, nos permite avanzar. La procrastinación, como uno de
tantos problemas, nos muestra la importancia de entender nuestras propias
barreras y de no evitarlas, sino de enfrentarlas. Al final del día, la manera
en que gestionamos los problemas define nuestra capacidad para crecer, tanto a
nivel personal como profesional.
(En conjunto con lo discutido a lo
largo de todas las clases, los problemas son una constante en nuestro proceso
creativo y académico. Desde las capas de pensamiento discutidas en la clase 6
hasta la autopercepción de la clase 1, todos estos elementos juegan un rol
crucial en cómo enfrentamos y solucionamos nuestros propios desafíos,
transformando nuestras debilidades en oportunidades para el crecimiento.)
No se trata de evitar los problemas, sino de aprender a manejar cada situación, a ver las dificultades como oportunidades para aprender y mejorar.
(En la corrección, se llegó a la
similitud de la estructura con la de un artículo de revista (me sentí halagada
por esto). Hubo un gusto encontrado en las reflexiones y la interpretación
redactada, y que la conclusión sobre los problemas fue vista como una
oportunidad valiosa e interesante. Hubo reflexión, hubo preguntas y desarrollo
de los conceptos vistos.)
NIVELACIÓN: N+

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