YEBRIN, Tania | Clase 9 (Bitácora)

Después de la clase, me quedé pensando en casos que yo pudiera redactar después. Estando en la facultad —y seguramente porque me había llegado un mensaje de mi mamá— pensé en ella y en cómo una arquitecta, recibida de la FADU en 1989, se adaptó durante el transcurso del tiempo a lo que fue mutando, tecnológica y metodológicamente, la carrera de arquitectura.

Siempre me habló de la facultad, de sus años ahí. En los 80’ todavía no había una generalización la tecnología y el acceso era muy reducido; y no había programas para que los estudiantes hicieran sus trabajos de la manera fácil (o más directa) que lo hacemos hoy en día. Ella hablaba de los rottings, de las noches que pasaba teniendo cuidado de que la tinta de sus planos no se moviera, el cómo llevaba sus producciones a corregir clase a clase y que tenía que rehacer por completo a veces. Se recibió de esa manera, no conociendo los programas que vendrían, y la facilidad que estos traerían a la hora de hacer los planos.

Para agregar más contexto a quién es mi mamá; es una persona que no se rinde fácil. Lo que quiere aprender, lo hace. Llegó a la facultad con la educación justa y necesaria, nada sobresaliente, y de la misma manera hizo su carrera sola y trabajando los últimos años para poder mantener los gastos que se requerían dentro de la carrera. Por eso mismo, cuando mi papá —que había estudiado ingeniería, no se recibió, pero fue de los primeros en conocer los programas que llevaban— le dijo que había un programa para hacer planos; ¿qué dijo mi mamá? Lo quiero aprender. Y lo hizo.

Ella no sabía ni lo que era un mouse, ni lo que era un teclado, y aún así se sentó delante de la computadora, con un programa que se llamaba Archicad (que en realidad tenía otro nombre y había salido a mediados de los 80’) y con su paciencia de oro, voluntad propia y ambición; no le costó nada adaptarse a esa novedad. A traducir su trabajo manual a una manera digital y sorprenderse a sí misma.

Es muy autodidacta en ese sentido, siempre lo fue. Como dije, lo que ella no conocía y quería conocer, lo aprendía a su manera. Buscaba sus recursos, consejos de compañeros que eran de una generación que recién conocía estas tecnologías, y a partir de esas relaciones tanto sociales como de trabajo, logró fortalecer mucho sus bases dentro del mundo de los programas de arquitectura que seguían saliendo y mejorando.

Pasado los años, y cuando empezó a presentarse las modelaciones 3D, ella también se sumó. ¿Fue y se hizo un curso? ¿Dejó que el programa la pasara por encima? No. Ella se volvió a sentar, con una computadora mucho más moderna en su momento —y suya, ya todo su trabajo dependía de una caja que prendíamos con el dedo del pie abajo del escritorio— y volvió a aprender de cero como década y media atrás había hecho con otro programa.

Hoy en día no es diferente. Con más de treinta años de carrera como profesional, la modernización de cada programa y dispositivo no la desalienta de ninguna manera. Hace poco la escuché peleando con un nuevo programa —uno que hace panoramas tridimensionales dentro de un plano, o algo así— y ella no cedía ante el programa. Su trabajo es excepcional, siempre dispuesta a seguir modernizando su trabajo y no permitir que la tecnología, la falta de conocimiento o duda propia la detenga de seguir creciendo.

Ella es ejemplo de cómo la solución no está simplemente en adaptarse a la nueva tecnología, sino en transformar su modo de trabajar a través de la perseverancia, el aprendizaje autodidacto y la voluntad de no ceder ante los obstáculos. Es en el proceso de descubrir nuevas formas de realizar su labor donde reside la innovación. Su enfoque no solo le permitió adaptarse, sino también redefinir su práctica, encontrando soluciones creativas y distintivas en cada etapa tecnológica que atravesó

Podría decir que mi mamá es un caso —un mal chiste al momento, no podía dejarlo pasar—, pero también me gustaría aclarar que es un referente, de los que hablamos clases pasadas. Creo que no tengo que aclarar por qué.

(Algo que agregaría, tomando en cuentas clases pasadas, es la referencia de ver un problema como una búsqueda distinta de solución, es decir, como una oportunidad. Lo importante que es ver con una perspectiva amplia lo que uno se plantea, no encerrarse en un solo camino y estar abierto a verlo, recorrerlo y volver a hacerlo de una manera distinta. En la clase 7 había desarrollado una bitácora sobre la procrastinación y cómo esta era, de alguna manera, relevante e importante como tropiezo dentro del mundo creativo. Acá puedo destacar el problema de la poca tecnología que había en la época y cómo mi mamá, en lugar de rendirse, decidió encararlo con más voluntad y no encasillarse ni limitar sus conocimientos. Dio otro tipo de solución según la persona  que es ella.)

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