ZANOTTI, Melina | Clase 10 (Manifiesto)

 Manifiesto: Liberarnos de las tendencias

En el ámbito del diseño, la palabra "tendencia" se ha convertido en un concepto dominante, casi omnipresente. Una tendencia es, en teoría, una corriente estética que surge, crece y eventualmente se disipa, solo para ser reemplazada por otra. Pero ¿qué ocurre cuando esta idea se convierte en la única guía de creación, limitando a los diseñadores a un solo camino, un solo estilo, una visión reduccionista de lo que el diseño puede ser? Nos encontramos atrapados en una narrativa que dicta cómo debería lucir y pensarse el diseño, en lugar de permitir que cada obra emerja desde la necesidad de comunicar, innovar y, sobre todo, de expresar.

¿Qué es realmente una tendencia? ¿Es un estándar temporal que debemos seguir, o simplemente una opción más en un vasto abanico de posibilidades? Hoy en día, las tendencias definen gran parte del trabajo visual y marcan lo que es "aceptable" o "deseable" en los espacios públicos, las redes sociales y las marcas. Pero este sistema limita el diseño a algo que solo responde a lo popular, desdibujando la diversidad de estilos que podrían coexistir y enriquecer nuestro panorama visual.

Cuando un estilo se convierte en tendencia, parece invadir todos los espacios: lo vemos repetido una y otra vez, en cada esquina, pantalla, anuncio y sitio web. De repente, todos los proyectos comparten las mismas paletas de colores, las mismas tipografías, las mismas composiciones visuales. Como diseñadores, podemos vernos obligados, casi sin cuestionarlo, a seguir esta dirección, a formar parte de una corriente que acaba homogeneizando nuestras creaciones. El problema va más allá de la estética: nos lleva a un empobrecimiento del lenguaje visual, una limitación a las elecciones creativas y un confinamiento de las posibilidades de expresión. ¿Por qué nos obligamos a seguir algo que limita la libertad y la diversidad? ¿Por qué renunciamos a los estilos propios, únicos y auténticos que podrían coexistir? El diseño, en su esencia, debería ser una herramienta de comunicación, una forma de narrar múltiples historias desde diferentes puntos de vista, y no un simple reflejo de lo que es popular en el momento.

**Si bien el contexto nos influencia, no debería de dictar cómo enfrentarnos a desafíos o cómo abordar nuestro proceso de diseño. Podemos tomar como recursos lo que vemos en el espacio, pero con cierto criterio propio a la hora de utilizarlo para no recaer en lo popular y limitante.**

Cada proyecto, cada cliente y cada mensaje trae consigo su propio contexto, su propia historia y su propio propósito. El diseño debería ser un reflejo auténtico de estos elementos, y no una respuesta automática a lo que está "de moda". Siguiendo tendencias sin cuestionarlas, le negamos a cada proyecto su individualidad, su voz y su propósito. Nos alejamos de la idea de que el diseño es una creación única y significativa. Reivindiquemos el diseño como una expresión propia, como una construcción que nace de la autenticidad y de la intención profunda. ¿Cómo sería el mundo visual si cada uno de nosotros diseñara desde su propio sentido estético, libre de modas pasajeras? Si cada diseñador se permitiera explorar en lugar de imitar, podríamos crear un entorno visual plural, diverso y rico, que verdaderamente refleje la complejidad de nuestras ideas y de nuestras culturas.

**¿Son las tendencias las que nos limitan, o nuestro propio miedo a no seguir la corriente? Las tendencias pueden imponerse sobre nosotros pero también hay cierto grado de incertidumbre y temor al irles en contra. Tememos destacar por los motivos erroneos, que lo que diseñemos no "guste" y no cumpla con lo pedido. Pero en situaciones así uno simplemente tiene que diseñar por motus propio, proyectos personales que contradigan lo establecido para demostrarse a sí mismo que es una ruta viable a seguir.**

Hoy hacemos un llamado a la diversidad visual y a la coexistencia de múltiples estéticas. Dejemos de ver las tendencias como el único camino a seguir y abramos las puertas a un diseño donde todos los estilos tengan cabida, donde lo que es innovador o "deseable" no se limite a lo que dictan las modas, sino a lo que necesita expresar cada proyecto. Un entorno visual diverso permite a los diseñadores ampliar su propio lenguaje y a las audiencias encontrar referencias y estilos que resuenen realmente con ellos. La multiplicidad de enfoques, estilos y técnicas que podríamos explorar haría del diseño una disciplina rica y abierta, un espacio para la exploración y la creatividad libre. Si todos nos permitimos innovar, si rechazamos las barreras de las tendencias como requisito, podríamos nutrirnos de un paisaje donde cada propuesta visual tenga un sentido único y propio.

Es momento de liberar el diseño de las cadenas de las tendencias. De hacer del diseño una expresión de ideas, de historias y de personalidades, no solo de modas. Aboguemos por la exploración, la autenticidad y la intención. Rompamos con las fórmulas predefinidas y redescubramos el diseño como un acto de creación genuino, que no busca repetir sino inspirar.

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