MARTIN, Heidy Vanesa | CLASE 11 (Bitácora)

 CLASE 11:

Mirar hacia el futuro me genera cierta inquietud debido a lo incierto que resulta. A medida que me acercaba al final de mi carrera, las preguntas que llevaba tiempo rondando en mi mente comenzaron a aflorar. Al ponerlas por escrito, se hicieron aún más reales y desafiantes. ¿Estaré realmente capacitada para desenvolverme en el mundo laboral? ¿Cómo podré insertarme en ese ámbito, considerando que hasta ahora no he trabajado en lo que he estudiado? ¿De dónde surge el miedo a no estar lista, o a no cumplir con lo que el mercado espera de mí?  Me cuestiono si esa inseguridad no es, en realidad, el reflejo de las expectativas externas que nos imponen, tanto a nivel social como académico, un eco de la presión social por encajar en un molde predefinido. He pasado mucho tiempo desempeñando trabajos en atención al cliente, en distintos establecimientos de comida, y aunque he acumulado años de experiencia en este campo, el salto hacia el diseño me resulta incierto. Esta incertidumbre me ha acompañado a lo largo de mi carrera, y a menudo me pregunto cómo podré superar este obstáculo. Sin embargo, durante una de las clases, me di cuenta de que no soy la única con estas dudas.

Al observar las preguntas que surgieron en otros estudiantes de distintas carreras, noté que las inquietudes eran similares, aunque no del todo iguales. Por ejemplo, cuando los embajadores de otras mesas vinieron a compartir sus experiencias, sus preguntas y miedos, resonaron de una manera más familiar para mí, como: si era realmente posible vivir del diseño, algo con lo que todos soñamos: poder dedicarnos plenamente a lo que nos apasiona y, al mismo tiempo, vivir de ello.

A través de este intercambio de preguntas y la reformulación de nuestras inquietudes, pude ver las cosas desde una nueva perspectiva. Al principio, las preguntas parecían abrumadoras y desalentadoras, pero cuando empezamos a replantearlas, a abordarlas con otra perspectiva, comenzaron a tomar una forma más manejable. Por ejemplo, en lugar de preguntar si seré capaz de insertarme en el mundo laboral, me cuestiono ¿Qué habilidades o experiencias me faltan para dar ese salto? ¿Es realmente una falta de capacidad o simplemente una falta de experiencia directa en el área?, además esta meta en común sonaba llegar al éxito profesional, pero ¿Cómo puedo definir el éxito en el diseño y en mi carrera profesional de manera que sea auténtica para mí, y no solo en función de expectativas externas? Quizá mi inquietud proviene de pensar que mi valor profesional se define únicamente por mi capacidad técnica, sin considerar otras dimensiones del diseño. En este sentido, me surge la pregunta: ¿es suficiente con tener un buen portafolio, o el verdadero desafío está en encontrar una manera auténtica de comunicar mi voz a través de mis diseños, sin sacrificarla por adaptarme a lo que se espera de mí?

Pero este proceso no se detiene solo en lo académico o profesional. Las preguntas también surgen sobre la naturaleza del diseño mismo. ¿Qué significa ser un buen diseñador? ¿Es el éxito en el diseño una cuestión de talento o de contexto? ¿Hasta qué punto el contexto cultural, social y personal de un diseñador influye en su trabajo? ¿Cómo puedo asegurarme de que mi estilo personal como diseñadora no se vea opacado por las expectativas del mercado laboral, tal como en el diseño donde busco expresar mi voz? La industria del diseño, al igual que cualquier otro campo profesional, parece estar marcada por la lucha entre lo personal y lo colectivo, entre lo que quiero hacer y lo que debo hacer. La pregunta sobre el "éxito" se vuelve aún más compleja cuando intento despojarla de sus connotaciones externas. ¿Qué significa realmente ser exitosa como diseñadora? No se trata solo de vivir del diseño, sino de sentir que lo que hago tiene un impacto genuino, que no es solo un producto de mercado, sino una pieza que refleja mi perspectiva única. Y, en ese sentido, ¿Cómo defino mi éxito sin perder de vista lo que me hace sentir que mi trabajo vale la pena? Son preguntas que me llevan a cuestionar no solo mi capacidad, sino las estructuras y expectativas de la industria en la que quiero insertarme. En ocasiones, siento que el diseño se ve reducido a un conjunto de habilidades técnicas, pero, ¿acaso no es algo más profundo, algo que toca las fibras emocionales, culturales y humanas de quienes lo practican? Si el diseño es una forma de comunicación, ¿Cómo se traduce esa comunicación cuando el público está tan fragmentado, tan condicionado por su contexto y sus vivencias personales?

En este proceso de reflexión sobre el diseño, me doy cuenta de que la manera en que construyo mis ideas también tiene mucho que ver con la incertidumbre que siento hacia el futuro. En un mundo donde las expectativas sociales y profesionales son cada vez más implacables, ¿Cómo puedo asegurarme de que mi trabajo no se convierta en una repetición de lo que ya está hecho, sino en una expresión de lo que soy y lo que creo?

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