SAENZ COLMEGNA, Conrado | Clase 12 (Bitácora)

Conrado Saenz - Bitácora clase 12

Mi experiencia en la clase de hoy fue algo diferente a lo que esperaba; la actividad se centró en generar una lista de palabras inspiradas mediante música y con tiempo limitado. Aunque al principio parecía solo un ejercicio más, pronto descubrí que el objetivo era liberar nuestras ideas de una manera completamente intuitiva, dejando de lado cualquier filtro o autocensura. Este proceso, a pesar de ser aparentemente simple, llevó a una "cascada" de palabras que reflejaban no solo pensamientos concretos, sino también emociones. En mi caso, el cansancio y el estrés salieron a relucir, y eso me dio una nueva perspectiva sobre el papel de estas sensaciones en mi desarrollo como diseñador.

Al comenzar el ejercicio, debo admitir que no me sentía totalmente cómodo; al intentar dejar que las palabras fluyeran libremente, surgían emociones inesperadas en lugar de ideas o conceptos "valiosos". En momentos así, resulta evidente que, aunque queramos controlar lo que expresamos, nuestra mente tiende a mostrar lo que realmente ocupa su atención, y en este caso, mi atención estaba claramente marcada por el agotamiento. Quizás este cansancio sea una experiencia compartida entre aquellos de nosotros que estamos en disciplinas creativas como el diseño o la arquitectura, donde la carga de trabajo y la presión por innovar son constantes.

Este ejercicio me hizo reflexionar sobre cómo solemos relacionarnos con el resultado de nuestro trabajo. En el diseño, nos esforzamos no solo por crear algo que funcione o se vea bien, sino por transmitir una idea, una emoción o una historia. Pero esta conexión entre el diseñador y el observador no siempre es tan directa. Me he dado cuenta de que, aunque intentemos expresar algo específico, la interpretación final siempre quedará en manos de quien recibe el diseño. A veces, el mensaje puede ser captado en toda su profundidad; en otras, puede resignificarse de una manera totalmente distinta, añadiendo capas de significado que ni siquiera habíamos considerado.

Este es uno de los aspectos que considero más interesantes del diseño: la posibilidad de que el observador complete, interprete o incluso transforme nuestro mensaje inicial. Como diseñadores, tenemos una intención detrás de cada trazo, material o forma, pero la interpretación final siempre es un acto personal, único y particular para cada espectador. Esto me ha llevado a valorar no solo el proceso creativo en sí, sino también el ciclo que se cierra cuando alguien más interactúa con lo que creamos.

Durante la clase, también me sorprendió cómo cada compañero parecía sumergirse en el ejercicio desde perspectivas muy diferentes. Algunos se centraban en términos más técnicos o concretos, mientras que otros exploraban aspectos emocionales o introspectivos. Esta diversidad en la interpretación y en las palabras escogidas para el "brainstorming" reflejaba algo fundamental: el diseño no es una disciplina con una única forma correcta de expresarse, sino que está lleno de caminos y miradas personales que enriquecen el resultado final. Esa pluralidad de ideas y emociones es lo que realmente da valor al trabajo en grupo en disciplinas creativas. De cierto modo, se comparte esta sensación de diferencias de perspectivas del cual hablo en varias bitácoras anteriores.

Al final, me llevo de esta clase una visión renovada sobre el proceso creativo. Este ejercicio me ayudó a entender que el diseño es mucho más que producir un resultado visualmente atractivo o eficiente para su tarea; es un diálogo, una conversación entre el creador y el observador. Y en este intercambio, ambos participan activamente, cada uno aportando algo propio, algo único. El diseño deja de ser un producto acabado y se convierte en una experiencia compartida, donde cada observador tiene la libertad de interpretar, de construir o incluso de cuestionar.

Esta clase fue una oportunidad para darme cuenta de que, aunque podamos tener expectativas sobre cómo será recibido nuestro trabajo, el valor real surge en la interacción, en la resignificación que otros puedan darle. Y en este sentido, el rol del diseñador no es solo generar ideas, sino también aceptar y dar la bienvenida a las múltiples interpretaciones que otros puedan encontrar en su obra. De alguna manera, se extiende la multiplicidad de perspectivas no sólo hacia los diseñadores, si no que también hacia el usuario ya sea temporal o permanente. Esto permite que acumulemos un tipo de experiencia que es difícil de enseñar, es una experiencia que quizás algunos definen como "calle" o "cancha", y para mí es la más importante, ya que nos permite comprender mejor a los usuarios de nuestros diseños, pero también nos habilita a estar abiertos a una resignificación generada por personas que no están profesionalizadas en el diseño. Esto en mi opinión también enriquece a un diseñador, de cualquiera sea su área.

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