YEBRIN, Tania | Clase 11 (Bitácora)
Esta semana, no pude asistir a clase, y en lo que mandaban mis compañeros por el grupo tratando de explicarme, me arrepentí un poco. No entendía nada. Hasta que, dada la cantidad de preguntas que fueron llegando y yo no entendía si tenía que responderlas o no, empecé a entender que hablaban desde un punto de tener que preguntarse algo, cuestionarse. Eran palabras que habían sido dadas, y desde ahí, formular preguntas relacionadas al ámbito del diseño.
Por lo que logré entender de mis
compañeros, cuando se hacían estas preguntas y cuestiones del diseño, era que
buscaban entenderlas más allá de lo técnico. Buscaban entenderlas implicando
otra perspectiva, creativa pero objetiva, y así reconocer cómo nuestros diseños
se relacionan y afectan a distintas personas y grupos, con sus propios
intereses y necesidades, muchas veces en conflicto.
Las preguntas hicieron referencia a la
tensión que se genera cuando diferentes actores sociales, cada uno con sus
propios intereses, se ven afectados por una misma propuesta de diseño, o por
tener otra percepción de lo que el diseño tiene que ser. Y eso es algo que,
como diseñadora, no siempre tengo presente. Es fácil ver el diseño como algo
puramente estético o funcional, algo que uno hace para cumplir con una comisión
o resolver un problema específico. Al final es mucho más complejo: un diseño no
es neutral, está cargado de decisiones que pueden beneficiar a algunos mientras
perjudican a otros. Esto me lleva, desde lo que pienso del tema, a preguntarme
si realmente soy consciente de todas las implicancias de mi trabajo o si a
veces caigo en la comodidad de no analizar y ver más allá de una gráfica.
Dentro de este análisis y posiciones
que uno toma dentro de la cuestión, del diseño mismo, es eso del otro. Puede
ser cliente, puede ser compañero diseñador, puede ser hasta un extraño. Los
tres son actores que van a modificar su perspectiva del objeto en común que
vayan a ver. Y acá cuestiono: ¿Es importante tener esa visión de la otredad
para también entender la creatividad? ¿La comparación? ¿El debate? Si no
hay algo distinto, nada destaca. Si no hay debate, no hay comunicación, no hay
dialogo. Si hay siempre aceptación, ¿cómo salimos de un molde de comodidad como
mencioné antes? Eso es también lo que causa el diseño, lo que hace que nos
cuestionemos, que tengamos que pensar más allá del objeto, sino también su
contexto, su razón de ser, su propuesta.
Así como causa debate, causa gusto o
rechazo; significa que también causa reacciones, que hay una causalidad social,
algo de lo que somos responsables cuando creamos, que muchas veces pasamos por
alto. Si muchos se ven afectados por la propuesta de diseño, por tener otra
percepción que se nos pueda pasar por alto, es entonces que somos causantes de
un impacto real en alguien más, en otro. Acá es donde el debate comienza, las
preguntas, la búsqueda del otro por entender también el porqué del objeto (en
este caso, de mi creación). ¿Entenderá el otro lo que yo quiero expresar una vez
que lo explique de otra manera? ¿O lo verá igual porque tiene valores, cultura,
percepción u opinión distinta a la mía?
Creo así, finalmente, que la forma de cuestionarnos
a nosotros mismos nace de ese debate externo entre otros actores, con el
contexto, con valores, con opiniones de alguien más que rozan al par de la mía
o van en contra, y que así, se nutre ese pensamiento. Creativamente, ningún
diseño existe en un vacío; cada proyecto tiene el potencial de cambiar, aunque
sea mínimamente, la forma en que las personas se relacionan entre sí, interactúa,
se hacen preguntarse y responder. El diseño, entonces, termina siendo no solo
una herramienta de creación, de objeto, sino también de ser una respuesta a algo,
como también una pregunta.
(Releyendo esta bitácora una vez más, me pongo a pensar si este proceso de cuestionarse y debatir no es, en realidad, la única manera de crecer como diseñadora. Es como si al enfrentarse a estas perspectivas que chocan y a los intereses de otros, uno va limando sus propias certezas. A veces reconozco que me siento tentada a resolver las cosas desde lo técnico, lo funcional, pero esto me recuerda que el diseño exige más, te pide más. No se trata solo de resolver; se trata de transformar, de incomodar, de poner en juego las ideas propias y las ajenas. Tal vez, la verdadera creatividad está en ese equilibrio incómodo, donde mi perspectiva personal se cruza y se enriquece con el “otro” y sus propios valores.)
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