ZANOTTI, Melina | Clase 11 (Bitácora)

 Al tomar al diseño como objeto de estudio dentro de esta sociedad donde inevitablemente está atravesado por múltiples factores, podemos someter nuestras inquietudes al respecto bajo una evaluación crítica, teniendo en cuenta todos estos elementos que lo atraviesan para respondernos mejor nuestras propias preguntas, adquiriendo nuevas perspectivas.

Desde mi punto de vista como estudiante de diseño, noto que en esta disciplina existe una constante sensación de incertidumbre. Quizá porque veo al diseño como una posible profesión futura, estas preguntas se vuelven incluso más personales e inquietantes. Cada vez que formulo una pregunta, parece abrirse una nueva cadena de interrogantes: ¿Podré dedicarme exclusivamente al diseño gráfico y vivir de ello, o necesitaré un respaldo adicional? ¿Qué hace falta para destacarme en un campo que lleva tantos años de desarrollo y que está en continua transformación? En este punto, una cuestión clave se presenta: ¿qué podría ofrecer yo que sea único, diferente o innovador en un ámbito saturado de ideas y estilos?

**Me recordó a la búsqueda de problemas detonantes, cómo de una pregunta incial se abría un abanico de preguntas cada vez más específicas para permitir llegar al problema de raíz. Se plantearon otras preguntas previas a las seleccionadas para trabajar en clase pero las fuimos "disecando" hasta encontrar la versión más reducida que ataque al problema original.**

También surge una alternativa: ¿es más prudente adaptarse y encajar en los patrones de diseño que hoy en día son populares? Si lo hago, ¿esto garantizará estabilidad económica? ¿O estaría limitando mi capacidad de expresión y reduciendo mi rol de diseñadora a una reproducción de tendencias? Esto se relaciona con los planteos más relacionados a lo ético y profesional, ¿Hasta dónde debo ceder como diseñadora ante las exigencias de un cliente? En mis comienzos como profesional y sin una reputación establecida, podría parecer que mis preferencias estéticas y compositivas deben quedar en segundo plano, y que debo estar, en gran medida, al servicio de los deseos y expectativas del cliente. Sin embargo, ¿debo ceder por completo, adaptando mi visión creativa hasta el punto de ignorar mis propios principios y conocimientos?

Creo que en estos momentos establecer límites se vuelve imprescindible. Es cierto que, como diseñadora, mi trabajo está orientado a satisfacer las necesidades de quien me contrata, pero también hay una responsabilidad hacia mis propios valores y hacia la integridad del diseño. Ceder completamente a un cliente sin cuestionar puede llevar a la pérdida de la identidad profesional e, incluso, a la creación de un trabajo con el que no me sienta alineada. La solución o respuesta que veo posible es evaluar la situación correspondiente de cada cliente, y mi situación o deseos personales. Por más que a veces no me sienta representada en el trabajo pedido, está bien ceder. De todas formas, renunciar siempre a los valores que lo forman a uno puede ser agotador y terminar en peores resultados.

Otra preocupación que normalmente hablo con compañeros de mi área de estudio tiene que ver con el valor de nuestro trabajo ¿Cómo podemos establecer un valor justo para nuestro trabajo? ¿Qué factores debemos tomar en cuenta para ponerle un precio a un diseño? El contexto económico y social de ambas partes tanto diseñador como cliente, son imprescindibles para la toma de este tipo de decisiones. El diseñador se ve condicionado por su experiencia a la hora de poner un precio a su trabajo, pero también debe considerar el diseño a realizar y principalmente, el tipo de cliente del que se trata. También entra en juego lo mencionado previamente acerca de los propios gustos del diseñador, esto podría influir en el valor si se trata de un trabajo que realmente le interesa realizar y le aporta una experiencia que estaba buscando, más allá de la compensación económica.

**El intercambio de ideas y perspectivas aporta mucho a mi visión más que nada cuando se trata de otros futuros profesionales en el diseño, que actualmente estan atravesando mis mismas preocupaciones y es interesante ver como de a poco de forma colectiva las preguntas se van solventando, o quizá no se llegan a responder en su totalidad pero si que se analizan más aspectos a tener en cuenta que serán útiles en futuras situaciones profesionales.**

De esta forma, el diseño puede pensarse ampliamente sumando cada vez más puntos de análisis que nos permiten tener en cuenta variables a la hora de tomar cualquier decisión o plantearnos una incertidumbre. Reflexionando sobre nuestras preocupaciones, comprendiendo que no debe verse al diseño como un hecho aislado sino que ocurre en sociedad, por lo que hay que permitirnos ir más allá de lo propio cuando nos enfrentemos a una preocupación, y pensar cómo lo de afuera está influenciando o influenciándose.

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