ZANOTTI, Melina | Clase 12 (Bitácora)

 Si bien la idea del ejercicio no era dejar de pensar completamente, comencé con una actitud de calma, similar a la que practico en mis clases de yoga. En yoga, al inicio o al final de la clase, dedicamos unos minutos a conectar con nosotros mismos, con la respiración y con el entorno. Nos invitan a mantener la mente en blanco o a enfocarnos en la respiración y en las sensaciones del cuerpo, buscando una relajación profunda. Así abordé este ejercicio: cerré los ojos con la intención de calmar la mente, observando cada pensamiento y luego dejándolo ir, sin quedarme atrapada en ninguno.

La práctica de no enfocarme en un único pensamiento se tornó más fluida gracias a esta familiaridad. Mi mente empezó a trasladarse entre distintas sensaciones y estímulos que ocurrían tanto alrededor como dentro de mí. En este caso, el proceso de respiración consciente me ayudó a "cortar" cada pensamiento, un recurso que también utilizo en yoga. Al concentrarme en una respiración profunda, esta interrupción momentánea de pensamientos me brindaba una pausa, una especie de reseteo para luego dar lugar a algo nuevo. Cada respiración se volvió un recordatorio de que debía permanecer tranquila y abierta a cualquier sensación que se presentara. Considero a estos ejercicios de respiración como herramientas valiosas para centrarme, ya que permiten que el cuerpo se calme mientras dejan la mente abierta.

Mientras avanzaba el ejercicio, pude notar cómo el contexto influía en lo que sentía y pensaba. La música de fondo, por ejemplo, me llevó a emociones y pensamientos específicos, diferentes cada vez que cambiaba la canción. Al moverme de lugar en la facultad, incluso el cambio de espacio modificaba lo que percibía con los ojos cerrados, tanto en términos de sonido como de ambiente. Sin el estímulo visual, los sonidos y las sensaciones físicas adquirían mayor relevancia y mi imaginación se hacía más fuerte. En mi mente, los pensamientos variaban entre la realidad que podía intuir y situaciones que imaginaba. Al no poder abrir los ojos durante unos minutos, noté como la mente se vuelve más activa en la creación de imágenes y escenarios alternativos cuando falta esta referencia.

Durante esos cinco minutos, pude percibir con mayor claridad el efecto de cada estímulo. Una canción evocaba calma, mientras que otra podía despertar cierto nerviosismo. Los sonidos distantes y los murmullos en el aula me llevaban de un pensamiento a otro, desde recuerdos, sensaciones y proyecciones imaginarias de lo que podía estar ocurriendo a mi alrededor. El proceso de abrirme a cada experiencia sin aferrarme a un pensamiento específico se sintió como un ejercicio de flexibilidad mental, en lugar de forzar el pensamiento a detenerse y analizarlo con profundidad, solo lo dejaba surgir e irse para volver a mi respiración.

**La mente libre y sin restricciones daba lugar a cuestionamientos constantes y diferentes, el no poner barreras permitía que todo se desglose más y más, por eso creo que fue vital tener en mente que estos pensamientos llegaban pero no para quedarse y que tenía que darle la bienvenida a nuevos. Si bien el cuestionamiento en clases anteriores era más que bienvenido, ahora se estaba impulsando a dejarlos ir y que se genere un flujo constante.**

La experiencia me recordó la importancia de la receptividad y la presencia en el momento actual. En nuestro día a día, generalmente estamos concentrados en tareas, en pensamientos fijos y en rutinas preestablecidas. Este ejercicio me brindó una especie de libertad mental, un espacio para explorar el flujo natural de pensamientos, que surgen y se disuelven, sin intentar controlarlos. Cuando finalizó el tiempo, me sentía más relajada y a la vez más consciente de los múltiples niveles de percepción que podemos tener si realmente nos permitimos detenernos y sentir. No siempre hay que analizar y sobre pensar, a veces podemos aplicar esta manera de conectar con nuestro entorno y tener en cuenta que los pensamientos tienen un tiempo y lugar determinado, no es necesario aferrarse a estos cuando podríamos estar dejando lugar para nuevos.

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